Emiliano Basile
07/01/2013 16:23

Richard Gere es uno de esos actores que prefieren protagonizar un film menor a interpretar un rol secundario en una mega producción, hecho que explica los últimos fiascos en los que ha participado. Mentiras mortales (Arbitrage, 2012) es la excepción a la regla: un digno thriller que le vale una candidatura al Globo de Oro como mejor actor.

Mentiras mortales

(2012)

Robert Miller (Richard Gere) es un exitoso empresario que tiene una perfecta imagen pública (social) y privada (familiar). Su habilidad para los negocios le permite tener un par de secretos: manejos turbios de fondos y una exigente amante. Cuando un accidente inesperado se precipita, deberá apelar a todas sus artimañas para sostener su fachada.

Mentiras mortales es un sombrío relato de suspenso, adulto y distante sobre un hombre que esconde una doble moral detrás de su exitoso imperio económico y familiar. La cámara sigue de cerca a Robert sin nunca buscar la empatía con él. Lo observa y describe con su entorno, en una atmósfera creada por la sutil banda sonora y leves movimientos de cámara. Con tales recursos, la película promueve de manera reflexiva, una distancia entre el discurso y el accionar del personaje para mostrarnos su ambigua actitud.

A la vez la crisis financiera como telón de fondo, traza un paralelo con el éxito de Robert: su surgimiento supuestamente espontaneo oculta una serie de fraudes y manejos ilegales detrás, planteando así una simbiosis entre el conflicto económico y el personaje de Gere.

Robert representa a los tantos personajes que Hollywood castiga mediante sus relatos para escenificar las responsabilidades sociales que originaron la debacle de la bolsa. Otros personajes similares son el de George Clooney en Amor sin escalas (Up in the air, 2009), el de Kevin Spacey en El precio de la codicia (Margin Call, 2011) o el redimido Gordon Gekko de Michael Douglas en Wall Street: El Dinero Nunca Duerme (Wall Street 2: Money never sleep, 2010).  En Mentiras mortales Gere utiliza todo su carisma que lo llevó a convertirse en estrella de Hollywood, para componer a este personaje que esconde secretos oscuros detrás de su sonrisa, y que sirve al director y guionista Nicholas Jarecki, para hablar de la mea culpa norteamericana.

8.0

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