Constanza Tagliaferri
25/12/2012 22:55

El documental Marley (2012) recorre la historia del mítico músico jamaiquino que, sin importar cuántas producciones haya en la videoteca mundial y cuán conocido sea el relato de su vida, su director Kevin Macdonald lo resuelve en una obra exigente y apasionante sobre el impacto mundial de su música y lo resonante de su mensaje a 30 años de su muerte.

Marley

(2012)

Marley trata de un film exquisito que, a lo largo de sus casi dos horas y media de metraje, se plantea el desafío de abarcar la historia entera –lo que, por razones obvias, se traduce al motor aspiracional del relato- sobre lo auténtico, lo fascinante y lo crudo que devela la vida y obra de uno de los músico más importante de la historia reciente.

Las múltiples aristas que componen el film no solo dan cuenta de un logrado y ambicioso proyecto fílmico, también revelan al espectador la intensidad con que Marley transitó sus 36 años de vida. A través de una narración minuciosa y repleta de testimonios, se descubre a un hombre tan complejo como humano: su origen humilde en el asentamiento rural de Saint Ann, la misteriosa historia que rodea a su padre blanco, sus comienzos en la música durante la adolescencia, el intento de asesinato que lo forzó al exilio, el retorno soñado al continente africano, la influencia de la religión Rastafari en su creación musical y cómo forjó un camino en común entre la militancia política y su vocación profética de unir al mundo. Sin dudas, Marley es una pieza documental exhaustiva que, respetuosa del género y el continuum cronológico de los hechos, reboza de imágenes de archivo y del testimonio de quienes mejor lo conocieron, recibiendo el apoyo de la familia Marley y, con ello, material inédito del músico.

Producida por su progenitor Ziggy Marley y Chris Blackwell –fundador del sello discográfico Island Record que lo catapultó a nivel internacional-, el film tardó algo más de cuatro años en realizarse, primero pasando por las manos de Martin Scorsese y, tiempo después, por su director Macdonald que, por citar algunos de sus trabajos, se destacó por El último rey de Escocia (The Last King of Scotland, 2006) y recibió el Oscar al mejor documental por One Day in September (1999).

Lejos de encontrar el típico relato seudo-heroico que, comúnmente, construyen las biopic, la propuesta del documental traza una lectura humanizada de su protagonista y parte de un interrogante fundamental que empuja la expedición biográfica de su director: quién es realmente el hombre oculto tras la figura-ícono.

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