Lucia Roitbarg
27/11/2012 17:09

La obra de Cristian Mungiu se puede comentar desde diferentes ángulos e incluso posturas. Es un film que propone debates y provoca al público. No siendo un tema fácil de abordar, el director se toma los tiempos necesarios para que los personajes se descubran de a poco y la historia pueda adquirir mayor dramatismo en el momento más apropiado.

Beyond the hills

(2012)

Beyond the hills (Dupa Dealuri, 2012) retrata la vida de una comunidad rumana ortodoxa situada entre las colinas. Allí vive Voichita (Cosmina Stratan), una joven huérfana que se convierte en monja. Un día recibe la visita de su amiga del orfanato, Alina (Cristina Flutur), quien quiere llevarse a Voichita a trabajar a Alemania. Su estadía en el lugar no es aceptada por completo por las demás monjas y menos aún por el Sacerdote que lidera la congregación. La situación se agrava cuando Alina entiende que su amor hacia Voichita no es correspondido como antes y que su decisión de entregarse a Dios es irrevocable. Esto desata episodios de violencia y locura en Alina y un desequilibrio en toda la comunidad que tratará de restablecer el orden sea como sea.

Hay algo llamativo en el film del director rumano, y es la forma de tratar cada escena: la cámara está mayormente fija, nunca varían los planos en el desarrollo de las mismas, haciendo más evidente el tiempo real de cada una; y el espacio está siempre presente. Cuando una escena se desarrolla, la tensión se incrementa en esta forma de narrar, sobre todo porque en los diálogos siempre parece estar subyacente una lucha, una disputa, pero que queda latente y nunca se resuelve por completo. Sin embargo, Mungiu pareciera querer revelarle al espectador las intenciones de cada personaje, en sus gestos, sus tonos, sus palabras, como si de una observación antropológica se tratase.

Las decisiones que va tomando cada uno de los involucrados para con Alina se tornan cada día más extrañas y cuestionables. No solamente generan una pregunta respecto de las decisiones éticas sino que en el film aparece fuertemente cuestionado el lugar de la Iglesia y la religión. Su forma de adoctrinar y de dividir a la sociedad en buenos y malos y hasta cierta evidente hipocresía en sus formas de ayudar. Incluso sus modos patriarcales y notablemente jerárquicos de proceder, dejando un lugar complicado para la mujer.

El espacio donde transcurre casi todo el film, entre medio de las montañas, adquiere un lugar importante porque segrega a un grupo de personas que viven una vida distinta, aislada, casi sin contacto con el mundo. Esta espacialidad no es un detalle menor, pues el afuera no deja de reflejarse como algo extraño y hasta dañino para la comunidad. Este aislamiento crea reglas, creencias y conductas incuestionables para sus miembros, que sólo perciben la locura en los otros, como algo a ser temido y ocultado. Sin embargo, el director deja entrever que el mayor peligro podría estar en ese espacio entre las colinas.

8.0

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