Emiliano Basile
07/11/2012 19:40

La comedia negra es un género poco transitado por el cine argentino. O al menos no tan frecuentado por actores y guionistas como la comedia costumbrista o el melodrama. Sin embargo y en esa lógica, Ni un hombre más (2012) es un interesante ejercicio negro que logra sus objetivos al comprender el registro en tono y forma.

Ni un hombre más

(2012)

Ricky (Juan Minujín) y Karla (Valeria Bertuccelli) son una pareja en plena fuga tras secuestrar a un hombre y recibir la recompensa. Tras sufrir un accidente con su auto, caen en una hostería de mala muerte en medio de la selva de Iguazú. En ella se encuentran con Charly (Martín Piroyansky) quien al enterarse de la situación intentará quedarse con el motín. Cada personaje que aparece en escena, lejos de tener buenas intenciones, caerá en la tentación o en la tumba.

Su director Martín Salinas, realiza un claro exponente del género apelando a sus protagonistas: los actores entienden rápidamente el registro de actuación necesario para componer a sus personajes. Piroyansky, Bertucelli y Luis Ziembrowski, se desenvuelven en el género con mucha comodidad y explotan sus facetas para el humor.

El relato acompaña a los actores con acciones que se van sucediendo una tras otra, aumentando la tensión y la comicidad con las muertes afianzadas. Porque Ni un hombre más es ante todo, una comedia de enredos. Su enredo con la muerte le permite desplegar a su director los límites de la miseria humana encarnados en sus personajes (comparados en el relato con reptiles, en clara alusión).

Con dichas virtudes, la película de Salinas, que no llega a ser una obra genial, se presenta como una comedia negra atractiva e ingeniosa, a la altura de su elenco.

6.0

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