Benjamín Harguindey
07/11/2012 12:24

Con La casa (2012) culmina la trilogía de Gustavo Fontán iniciada con El árbol (2006) y Elegía de abril (2007), películas que responden a “un cine más poético, más centrado en la metáfora,” según el propio realizador. La película, de apenas más de una hora, retrata el resquicio y demolición de la casa natal del realizador en Banfield, que ya había sido visitada en su obra anterior.

La casa

(2012)

Sin actores ni diálogo, se sostiene sobre un contundente diseño sonoro y los movimientos de cámara que captan creativamente la atmósfera con juegos de luces, sombras y reflejos. La película se enuncia fantasmagórica, entre transparencias y susurros; la acción siempre sugerida fuera de campo. Durante su exhibición en la 14° edición del BAFICI, el realizador hizo hincapié en la ausencia de efectos especiales a favor del buen uso de iluminación y cámara, lo cual resume perfectamente la cualidad artesanal de su película.

El tema de la película es la nostalgia, ya que el presente y el pasado se oponen como dos fuerzas irreconciliables. El realizador ha dejado en claro que la película trata sobre “el hablar del paso del tiempo, un ejercicio de mirar lo ya mirado, del momento de la fuga y la dispersión (…) y trabajar con la idea de lo fantasmal”. La secuencia de la destrucción, suerte de epílogo, se yergue en contraste con este ritual.

La casa construye maestralmente un tono y una atmósfera, y no se trata mucho más que de eso. Su corta duración da fe de ello, y es posible que la simplicidad con la que su realizador ha resumido su propia obra juegue contra su apreciación e interpretación. Sin duda que se trata del cine “poético” que Fontán describió al presentar su película, y prueba de ello es que las imágenes que se presentan como meramente enunciativas adquieren, a la larga, una carga narrativa. El hecho es que el poema visual en cuestión no da mucho lugar al análisis o la imaginación.

6.0

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