Benjamín Harguindey
06/11/2012 22:58

Necesitamos un corte de pelo,” anuncia el joven y multimillonario Eric Packer. “Queremos un corte de pelo,” dice más tarde. Podría hablar sobre sí mismo en tercera persona y sería otro mocoso de Wall Street. La primera persona en plural le concede un estatuto de realeza, y como buen rey, ignora por completo las necesidades del pueblo que le sirve y rodea. Esta es una película sobre la desconexión de un hombre de todo y con todo, principalmente de sí mismo.

Cosmópolis

(2012)

Packer se sube a su limusina y comienza una odisea que dura todo el día a través del tráfico de Manhattan para alcanzar su peluquería preferida. Las calles están cortadas por una visita presidencial, manifestantes canturreando versos de Marx y una larga procesión funeraria de una celebridad. El guardaespaldas de Packer camina junto a la limusina, que avanza a paso de hombre. “Nos han avisado de una amenaza sobre su vida,” le insiste. A Packer no podría importarle menos. Ellos quieren un corte de pelo.

La película marca el regreso de David Cronenberg al puesto de guionista, adaptando la novela homónima de Dom DeLillo, tras un largo hiato a través de proyectos más “comerciales”. No es, de ninguna manera, un regreso a la parte visceral de su carrera, sino a la más contemplativa, en la que sus “héroes” rehúsan la realidad que les rodea y buscan refugio en pequeños mundos de su propia creación.

En este caso se trata de la blindada, polarizada y acustizada limusina de Packer. La película se desarrolla principalmente dentro de la misma, recibiendo a sus amantes, financistas, colegas y su propio doctor. De tanto en tanto espía el mundo exterior, no por las ventanas sino por las pantallas que se despliegan entre el suntuoso tapizado de cuero. Su diseño es un éxito de la dirección artística.

Cosmópolis (2012), desgraciadamente, posee problemas enraizados en su guión. En primer lugar está Eric Packer, interpretado por Robert Pattinson con su usual frivolidad (justificada, para variar, por la del propio personaje). La motivación de Packer es probablemente tan críptica para él como para el espectador. No representa una postura clara, con lo que sus numerosos diálogos no poseen carga dramática. “Es tiempo de una explicación filosófica,” dice en un momento. ¿Será un chiste interno de Cronenberg? La película está hecha de tales explicaciones filosóficas, algunas más interesantes que otras, pero todas al servicio de sí mismas. Packer, tan enajenado de sí mismo, no tiene nada que ganar ni perder. El resto del elenco habla y actúa igual de insípidamente, lo cual debilita cualquier crítica sobre la condición de Packer.

El clímax de la película es una larga entrevista con su posible asesino (interpretado por Paul Giamatti), pero incluso entonces no hay tensión alguna, se trata de otra disertación aislada y es la más incomprensible de todas, la última en una larga cadena episódica, desmotivada y sin unidad de acción.

6.0

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