Ximena Brennan
10/09/2012 16:29

Partiendo de una cuestión que siempre fue tan importante para la realización del ser humano como es el trabajo, Enrique Liporace y Raihul Jain lograron filmar una película con muy buenas actuaciones que estimula al espectador a experimentar sentimientos y sensaciones variadas: desde la incomodidad por un par de escenas fuertes de sexo o el vocabulario soez presente adrede en gran parte de ella, hasta una emoción muy grande por la propia decadencia y la fe del personaje principal.

La cola

(2012)

Félix Cayetano Gómez (Alejandro Awada) nació en plena peregrinación al santuario de San Cayetano; de ahí sus nombres y apellido: Félix por el momento de extrema felicidad que vivió su madre al nacer él, Cayetano por el santo del trabajo y Gómez en homenaje al sacerdote que ayudó a que naciera. Debido a este hecho, Félix es un hombre de fe que visita al santo cada año y le agradece por todo lo que tiene: un trabajo no estable, deudas interminables, una hija lejos y ninguna esposa a su lado. Pero la gente de fe es así, dicen. Y Félix se caracteriza justamente por luchar contra viento y marea para cambiar su situación. De ahí que los directores hayan establecido ya desde el principio un paralelismo con las hormigas, el ser más trabajador de la Tierra.

Quizá el vocabulario al que recurren los realizadores resulte un poco exagerado para contar los hechos y algunas escenas fuertes seguramente le chocarán al espectador, pero está claro que Liporace e Inzaghi quisieron llevar la situación al extremo provocando también una toma de postura y que lo que se ve no sea pasado por alto.

Alejandro Awada se pone a la altura de las circunstancias. Un hombre aparentemente confiado y conforme con que va a llegar a ser alguien en la vida haciendo filas por los demás, su actual medio de subsistencia, y sosteniendo siempre su visión existencialista hasta las últimas consecuencias: el problema no es ser el último en la cola, sino qué nos espera cuando dejemos de esperar.

Se destaca además la participación de Antonio Gasalla como sacerdote y amigo de Félix. Un personaje muy particular que aparece para dar algunas lecciones de vida y le aporta al relato, aunque muy al final, un respiro gracioso.

Una película que refleja una realidad que se vive, no sólo por la difícil búsqueda de trabajo sino también una Argentina letárgica en donde hacer fila para todo es moneda corriente. Un film crítico con la sociedad pero con el foco también puesto en la fe que mueve montañas y la convicción debe ser más grande que cualquier cosa. Emotivo hacia el final y por momentos cómica, con buenas actuaciones, un original argumento y un mensaje contundente.

6.0

Comentarios