Emiliano Basile
27/08/2012 16:00

La incursión de Viggo Mortensen en el cine argentino no está a la altura de lo esperado. Dirigida por Ana Piterbarg, Todos tenemos un plan (2012) es un film de género -thriller- que atraviesa temáticas existenciales propias del nuevo cine argentino. La combinación de ambas propuestas prevé cambios de tono constantes en el desarrollo de los personajes, no siempre bien logrados.

Todos tenemos un plan

(2011)

Viggo Mortensen interpreta a dos hermanos gemelos muy disímiles entre sí: Pedro es un malandra del Delta que vive de la apicultura, ayudado por Rosa, “la pichona” (Sofía Gala Castiglione), y es socio de Adrián (Daniel Fanego) con quien realiza un fallido secuestro. Su hermano Agustín vive en la ciudad y atraviesa una crisis existencial cuando su pareja (Soledad Villamil) decide adoptar un bebé. Tras la muerte de Pedro durante una visita a Agustín, éste  aprovechará la oportunidad para ocupar su lugar e internarse en las aguas del Delta donde tendrá más de un problema.

Todos tenemos un plan arranca muy bien: metáforas como la de las abejas o la simbiosis con el cuento Los desterrados de Horacio Quiroga, son recursos trillados pero funcionales para anticipar por donde viene la historia existencial del protagonista. El problema radica cuando la fluidez narrativa se pierde en pos de tales conflictos de identidad.

La información que se le otorga al espectador es clave para la construcción del suspenso, y a su vez, el problema ante la falla del mismo. El film abre con una serie de cuestiones a resolver, que logran plantear el suspenso acerca de lo narrado. Pero tales asuntos se resuelven rápidamente, brindando toda la información faltante al espectador y, a consecuencia, diluyendo la tensión en la trama. A partir de ese momento la película se apoya completamente en los conflictos existenciales de sus protagonistas.

En esta segunda trama paralela –la de los problemas internos de los protagonistas- Viggo Mortensen que aparece en casi todos los planos de la película, se desenvuelve mejor en las escenas de suspenso (físicas) que en las dramáticas (expresivas). El resto del elenco hace un trabajo eficaz que le da credibilidad al argumento. Aunque no alcanza para cerrar la historia que se quiere construir.

No es una tarea sencilla articular ambos componentes –suspenso y drama- para enriquecer la historia. Lo cierto es que Todos tenemos un plan más allá de contar con una factura técnica impecable, hace agua en el medio del Delta.

4.0

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