Ximena Brennan
27/08/2012 14:08

El director Esteban Echeverria logró crear un largometraje nacional de animación digno de compararse con las grandes producciones extranjeras. Un argumento atractivo y muy humano tanto para chicos como para adultos, que no decae en ningún momento y con un trabajo estético que resalta en cuanto a la fotografía, los escenarios imaginarios y la imponente banda sonora.

La máquina que hace estrellas

(2011)

Pilo Molinet es un niño cuyo hogar es un cinturón de asteroides y donde se pasa el día mirando las hermosas estrellas que rodean su pueblo. Su abuelo siempre le cuenta que esos astros luminosos son creados por una máquina: la máquina que hace estrellas. Según la profecía, algún día ese aparato se dañará y, para conservar la tradición, un integrante de su familia será el responsable de repararlo. Pilo sueña todos los días con ese momento para poder viajar a conocer esa famosa máquina. Lo que no se imagina es que será una tarea complicada y llena de peligros.

Sin llegar a ser futurista ni recurrir a los localismos de las películas argentinas, el film resulta ser más universal y atemporal con reminiscencias –hay que reconocerlo- a Robots (2005) de Fox.

Sin embargo, la película se descubre original desde el comienzo y se enfoca en el universo imaginario no sólo de Pilo, sino de cualquier chico. Las ilusiones, el soñar despierto, las aventuras y los juegos, la amistad, los ancestros y las historias en forma de cuentos, remiten a una atmósfera que todos sentirán familiar y cálida.

Destacable resulta también la fusión entre elementos de la ciencia ficción y las tecnologías antiguas: por un lado, las naves espaciales a vapor, las maquinas con enormes engranajes, los robots a cuerda, y, por el otro, hologramas, asteroides que cobran vida y mucho más,  lo que convierte a la película en una  fábula espacial.

La máquina que hace estrellas es una historia para toda la familia acerca de los valores y las tradiciones. ¿El mensaje?... Cada uno existe para cumplir un propósito en la vida y, sobre el destino… nunca hay que forzarlo. Un largometraje animado y en 3D ¿Qué mejor que eso con un toque argentino?

8.0

Comentarios