Ximena Brennan
23/08/2012 09:52

A veces es bueno abandonar la vorágine al menos por unos minutos y detenerse a contemplar los pequeños momentos del día, dicen. Una reflexión que el director José Luis Torres Leiva se permite hacer en Verano (2011), su último largometraje de ficción que juega con los primeros planos y los planos detalle, miradas y expresiones con el retoque de la imagen como elemento característico de un modo diferente de hacer cine.

Verano

(2011)

Torres Leiva lleva de viaje al espectador a uno de los lugares encantadores que tiene Chile. Las termas de Cauquenes conforman el escenario adecuado para contar las historias de un grupo de personas, que al principio resultan ser completamente desconocidas conviviendo en un mismo espacio y terminando algunas por conocerse fugazmente. Visitantes y trabajadores del hotel se fusionan en una misma atmósfera para contar ni más ni menos lo cotidiano de sus vidas.

Partiendo de historias muy diferentes entre sí, el director también se explaya a gusto sobre el tema de la maternidad: una pareja joven que debate la posibilidad de tener un hijo, una mujer soltera que decide criar a su bebé sola y una perrita del lugar que amamanta a sus cachorros en la intemperie, pero que encuentra un poco de consuelo al recibir alimento de un turista de la zona, entre otros relatos.

Historias mínimas, quizá un poco simples para el ojo del espectador común acostumbrado a ver acción en cada plano. Esta película está muy lejos de eso pero es muy significativa por donde se la mire, y está contada con una estética muy particular -el trabajo con la imagen y el color- que la enriquece con un tono amarronado y borroso, y la filmación de modo casero adrede. Realidad pura, como si se hubiese querido colocar la cámara allí para capturar y retratar todo lo que sucedía. Sin duda una huella que el director quiso imprimir en el relato.

El film está impregnado de realismo, de cotidianeidad, de hechos por los que puede atravesar cualquier mortal, cosas posibles que no provienen de ningún otro planeta, situaciones que enmarcan un contexto y reflejan personalidades. Verano brinda un sentimiento o una sensación familiar; la de los personajes inmersos en la película, pero aquella que muy bien puede vivir una persona de carne y hueso.

Una película muy gestual y que debe su existencia a los sonidos de la naturaleza combinados con la paz de sus protagonistas. Con buenas actuaciones, historias entrañables y un diálogo justo y necesario. Sencillez y sensibilidad.

6.0

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