Emiliano Basile
11/06/2012 13:55

Ridley Scott confirma con Prometeo (Prometheus, 2012) sentirse muy a gusto dentro de una nave espacial o un planeta habitado por alienígenas. En esta precuela de Alien, el octavo pasajero (1979) primero, derivada en nueva franquicia después, convierte a la ciencia ficción en una historia épica sobre el misterio de la creación (o de la destrucción) para presentar el origen de su criatura.

Prometeo

(2012)

Estamos en el año 2094 y una tripulación de científicos e ingenieros viaja a un desconocido planeta tras las huellas de una nueva forma de vida. Una suerte de raza superior que ayudaría a entender el misterio de la creación. No sería la teoría darwinista el origen de nuestra especie sino otros seres humanoides los creadores. Tras ese rastro encuentran los restos de una civilización devastada por sucesos desconocidos.

¿Suena conocido? La historia es muy similar a Alien, el octavo pasajero la película que por allá por 1979 el director de Hannibal (2001) dirigía e inauguraba una marca registrada del cine de suspenso actual: el monstruo acechando a los humanos. Pero a diferencia de aquella, aquí Scott también productor cuenta con todos los medios, económicos y tecnológicos, para hacer de esta precuela una épica acerca del origen de la humanidad.

Y no sólo eso, porque si algo que queda claro en toda la filmografía de Scott es que la creación de la humanidad está íntimamente ligada a todo acto de destrucción, ¿No es un parto el mayor momento de creación y destrucción al mismo tiempo? En Prometeo, Scott lleva esta premisa hasta las últimas consecuencias, haciendo un culto a las entrañas humanas y los fluidos desgarradores. La escena del aborto es de una tensión extraordinaria, una de las mejores del film.

Prometeo es una gran película porque pone en dimensión a todo el resto del cine de ciencia ficción o terror, escaso de ideas que justifiquen los constantes sobresaltos en la butaca, así como los motivos de supervivencia de sus protagonistas. Prometeo es otra cosa, cargada de ideas que le dan consistencia al argumento y a los monstruos que emergerán luego.

El director de Blade Runner (1982) demuestra tener el oficio necesario, con más de treinta años de carrera en este tipo de producciones, para manejar los tiempos y el suspenso del relato, logrando con Prometeo una de sus mejores y más acabadas obras hasta la fecha. El rey de lo monstruoso ha vuelto en cuerpo y alma.

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