Juan Pablo Russo
25/04/2012 02:12

La ópera prima de Armando Bo, nieto del controvertido director argentino, aborda el derrotero personal de un imitador de Elvis Presley que es devorado por el propio personaje, de la misma manera que una araña lo hace con su presa.

El último Elvis

(2012)

Elvis (como quieren que lo llamen) se gana la vida trabajando de “imitador” del gran Elvis Presley. Sus días pasan entre la indiferencia por el mundo circundante y algunos shows que parecieran ser lo único que hacen sentirlo vivo. Separado y con una hija pequeña, su vida se tornará caótica cuando su ex mujer sufra un accidente y quede inconsciente. Entre eventos, pagas miserables, una hija que no lo siente su padre y una vida que ya no es lo que fue, "Elvis" irá mutando en el verdadero "Elvis" hasta llegar al límite de lo extremo.

El último Elvis se divide en dos puntos de abordaje. El primero es el de la disfuncionalidad familiar, reflejado casi de la misma forma que lo hacen muchas comedias independientes norteamericanas como Historias de familia (The squid and the wale, 2005) o Pequeña Miss Sunshine (Little Miss Sunshine, 2006), pero con un tono localista y personal. Para eso se recurre al melodrama pero sin olvidarse de la ironía y cierto humor negro. Mientras el segundo punto, y fundamental en la trama, muestra a un hombre que a lo largo de la vida irá actuando de la misma forma que lo hizo aquel al que durante tanto tiempo se dedicó a imitar y que terminó por fagocitar su verdadero

Armando Bo junto a su coguionista Nicolás Giacobone, quienes ya habían trabajado juntos en el guión de Biutiful (2010), del mexicano Alejandro González Iñárritu, vienen de la escuela de un cine narrativo, de composición de personajes aunque sin descuidar una puesta en escena que vira entre la suciedad de la imagen y el estilo “cool”, elementos que sin duda le sientan más que bien a la historia que se propusieron contar y que logran hacerlo sin ningún tipo de fisuras.

El último Elvis tiene algunos ítems que valen la pena destacar como es el uso de la música compuesta por Sebastián Escofet que funciona acompañando la inestabilidad emocional del personaje de Elvis. En la primera parte ésta será más bien suave mientras que en la segunda se volverá estruendosa, no en forma brusca sino a medida que los cambios se hagan más evidentes y se vaya acercando al desenlace.

Si hay un mérito en la dirección y el guión también lo hay en lo actoral. El platense John McInerny logra componer un personaje lleno de matices y contradicciones. Un actor que logra olvidarse de la cámara para construir un personaje capaz de generar apatía y empatía al mismo tiempo. Y sobre todo al que resulta imposible juzgar por cada una de las decisiones que toma en su vida por más radicales que parezcan. Junto a él, Griselda Siciliani y Margarita López acompañan a la perfección cumpliendo la regla que sostiene que no hay personajes chicos sino actores capaces de hacerlos grandes.

Con la impronta del mejor cine independiente norteamericano, pero hecha en Argentina y por argentinos, El último Elvis es una película pequeña desde la producción pero inmensa en su forma y contenidos. Técnicamente impecable, posee el plus de un soundtrack con temas de Elvis Presley en la voz de John McInerny que es un deleite para los oídos de los melómanos más exigentes. Sin duda una de las grandes sorpresas del cine argentino de 2012.

8.0

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