Juan Pablo Russo
21/02/2012 12:30

En los últimos años se impuso la moda de las películas construidas a partir de imágenes tomadas por los mismos protagonistas de las historias, es decir mostrar una falsa realidad. Poder sin límites (Chronicle, 2012) sigue la línea impuesta por Cloverfield (2008) o la española [Rec] (2007) armando una historia de ficción a partir de imágenes existentes, que de antemano sabemos que son falsas ya que estamos frente a una ficción y no un documental.

Poder sin límites

(2012)

Andrew, Matt y Steve son tres adolescentes cuyas personalidades se encuentran en las antípodas. Andrew posee una cámara con la que documenta cada paso de su vida para después subir las imágenes a Internet. Por un motivo sin importancia, los jóvenes (que no son amigos pero tienen un punto en común) se toparán con un extraño objeto que les brindará súper poderes. En el cómo, cuándo, dónde y por qué usar los poderes adquiridos radica el núcleo de una película de superhéroes que lejos está de serla. Aunque esto sea una contradicción.

El novel Josh Trank concibe la historia desde el punto de vista de los propios protagonistas a partir de imágenes que ellos mismos filmaron. ¿Pero es esto real o sólo es un montaje que los propios implicados realizaron para subirlas a las redes sociales y así ganar popularidad? Lo que vemos en pantalla resulta ser una serie de imágenes aisladas que arman una historia con muchos fuera de campos y baches narrativos, producto de la propia fragmentación con las que fueron tomadas. Por lo tanto, que todo sea una simple puesta en escena dentro de una ficción no resultaría ser un hecho descabellado. Queda claro que como espectadores estamos frente a una ficción propiamente dicha, pero dentro de esa ficción podría existir otra que es la que arman los propios protagonistas para dejar de ser unos perdedores y cambiar a través de las redes sociales como Youtube, Facebook o Twitter la visión que su entorno tiene de ellos.

También se puede proponer otra lectura cuyo anclaje radicaría en lo que haríamos cada uno de nosotros si de la noche a la mañana nos encontramos con súper poderes. ¿Para qué los usaríamos? ¿Cómo los usaríamos? Lo mismo que les sucede a estos muchachos y la reacción que en ellos provoca podría pasarle a cualquiera, aunque el tema de los súper poderes sea solo una metáfora para hablar del poder propiamente dicho y sobre su manejo. ¿Lo usaríamos para el bien o para el mal?

Poder sin límites es una alegoría sobre dos mundos: el real y el virtual. Mundos que sucumben hoy o por hoy a millones de jóvenes (y no tantos) de todo el planeta. A pesar de contarla desde un recurso bastante trillado ofrece una vuelta de tuerca sobre la exposición que brindan las redes sociales, y en un punto es lo que la vuelve más interesante. Por cierto, aunque le cuesta arrancar, también entretiene.

6.0

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