Emiliano Basile
05/02/2012 16:01

Para quien sea amante del cine, de su historia y sus creadores, La invención de Hugo Cabret (Hugo, 2011) será un placer sin igual. La nueva película de Martin Scorsese es un sentido homenaje a George Méliès -precursor del cine espectáculo- y al séptimo arte en general: su poder, su magia y sobre todo, su pasión. Presten especial atención a los engranajes de la historia –de la película y del cine- para entender más aún la pasión que el film transmite.

La invención de Hugo Cabret

(2011)

Hugo (Asa Butterfield) mira como un voyeur lo que sucede en la estación central de París de la primera mitad del siglo XX. Oculto detrás de los relojes, busca engranajes que le ayuden a reparar un “autómata”, robot que su padre también relojero, no llegó a recomponer antes de morir. En la París de ensueño –o de película- Hugo dará con George Méliès (Ben Kingsley), un juguetero de la estación de tren, que esconde un secreto de su pasado ligado al cine.

La mirada de Hugo es la de un niño ingenuo ante el descubrimiento y la fascinación del cine (¿un juvenil Scorsese?). De un chico que busca desesperadamente el engranaje a ese otro universo, donde todo es posible, donde la magia cobra fuerza, en fin, al mundo del cine. Un mecanismo con forma de corazón es el elemento más importante para hacer funcionar al autómata en la película, y para comprender a la historia del cine en sus inicios.

Historia basada en leyendas, fábulas, cuentos cargados de tintes mágicos que mitifican los acontecimientos reales. Todo lo que se sabe del George Méliès verdadero es tal cual sucede en la película. Pero no importa demasiado para Scorsese, que en una entrevista una vez dijo “El cine son 24 mentiras por segundo” retomando una frase de Jean-Luc Godard. Y es así porque no importa la representación real de los acontecimientos en la historia del cine, sino su legado, su poder, capaz de hacer los sueños realidad. Así lo entendió Méliès a principios del siglo XX, y así lo entiende Scorsese a principios del XXI.

Por ello, Scorsese incursiona por primera vez con la tecnología 3D con un homenaje a Méliès, el padre de la magia en el cine. Pero también recupera un trozo de la historia del cine, un fragmento olvidado al cual rendirle homenaje, y la clave para hacerlo es una llave con forma de corazón, o mejor, la pasión necesaria para materializar los sueños.

La invención de Hugo Cabret es una delicia para los amantes del cine, pues rememora el placer del espectador ante el espectáculo. La fascinación por dejarse llevar dentro de una sala de cine por los acontecimientos fantásticos que suceden en la pantalla. Pero también, es una demostración de la pasión de Martin Scorsese -uno de los mejores directores contemporáneos- por el séptimo arte, su historia y sus inventores.

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