Emiliano Basile
12/01/2012 14:05

Adrián y Ramiro García Bogliano vienen realizando films de suspenso made in Argentina desde hace varios años. Un género desprestigiado por los distribuidores locales que recién el año pasado con Sudor Frío (2010) pudo llegar a las salas comerciales. Este año es el turno de Penumbra (2011), una película que tiene más puntos en común con aquello que los identifica y distingue como realizadores: la generación de climas claustrofóbicos.

Penumbra

(2011)

Marga es una agente inmobiliaria española a punto de partir a su país natal. Pero antes de hacerlo algo la detiene más que su deseo de volver: el dinero. Le ofrecen una gran suma por vender una última propiedad, hecho que acepta de mala gana. Lo que no imagina es que el comprador y sus socios son una secta dedicada a extraños rituales.

Penumbra expone lo mejor del universo Bogliano: una situación tensa que construye suspenso a partir de un clima claustrofóbico. El buen manejo de los tiempos de los directores es una virtud que presenta su oficio para este tipo de producciones. En la película, sin embargo, el comienzo se dilata demasiado perdiendo un poco el nerviosismo generado. Sobre el final, la tensión reencauza su curso para no soltar jamás al espectador.

Si uno disfruta del buen cine de género, es porque le gusta dejarse llevar por la narración y ser sorprendido por la trama. En ese nivel, Penumbra consigue su requisito rodeando con recursos cinematográficos propios del suspenso al espectador. Movimientos de cámara, edición de sonido, la utilización del fuera de campo y las actuaciones (los gestos de los actores son todo un elemento tenebroso para generar miedo), son elementos que resaltan la cara del miedo que Adrián y Ramiro García Bogliano muestran con el film.

En esta co-producción con España, es válido destacar las actuaciones de la actriz española Cristina Brondo, protagonista del film, Emmanuel Horvilleur, todo un habitué del género, y el no menos tenebroso Arnaldo André, nunca tan adecuado para el papel.

Penumbra no es la mejor película de los incansables cineastas –realizan una por año al menos- pero es una grata muestra del manejo profesional que tienen del género. Esperemos que sea la confirmación de los realizadores como autores y del auge del suspenso-terror argentino en los cines locales.

8.0

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