Ezequiel Obregón
11/10/2011 15:38

Dirigido por Mariano Llinás junto a Alejo Moguillansky y con guión de Santiago Palavecino, Tres fábulas de Villa Ocampo (2011) es un mediometraje que indaga en las inagotables posibilidades de la ficción. La mítica residencia de Victoria Ocampo les permite a los realizadores desplegar el “estilo-Llinás”, consagrado a partir de sus propios films, los co-dirigidos, e incluso aquellos que ha producido.

Tres fábulas de Villa Ocampo

(2011)

A partir de Balnearios (2002), Llinás ha conseguido un lugar destacado en el cine independiente argentino. Su estilo mixtura distanciamiento (en gran medida por el uso de la voz en off), inclusión de elementos literarios, fuerte presencia musical, y cierto “espíritu revisionista” que Tres fábulas de Villa Ocampo revive en su apartado más documental.  Porque –más allá de la ficción- este mediometraje ofrece datos concretos sobre la célebre escritora y su selecto grupo de familiares, amigos y confidentes (Bioy Casares, Borges, Silvina Ocampo, son apenas los más conocidos, pero la lista sorprende). Datos que se despliegan en las imágenes de la imponente residencia, que los realizadores registran mayormente a partir de planos fijos.

El film no tiene actores, pero narra los destinos de tres personajes: un fugitivo, un fetichista y un detective. Tres figuras que confluyen por diversos motivos en la mansión ubicada a orillas del Río de la Plata, y aúnan –en su composición histórica y narrativa- la posibilidad de desplegar núcleos ficcionales que revisan obsesivamente la figura de la escritora. Una figura que se bifurca en los retratos, fotografías, cartas, dedicatorias que despliegan información diversa, esbozando un espíritu de época definitivamente perdido.

Dividida en tres tramos, la película difícilmente pueda encasillarse en algún género. Mezcla de documental y ficción, tal vez la categoría que la describa mejor sea la de film-ensayo, porque con esas tres figuras nucleares indaga en el vínculo entre historia y arte, objeto artístico y documento, verdad y mentira. De allí que la idea de “fábula” sea más que pertinente, remarca en el film su reflexión sobre la génesis y los límites de la ficción.

Realizada por la Asociación de Amigos de Villa Ocampo, la película es un regocijo para los seguidores de la “factoría Llinás” (cuyo último ejemplar es El estudiante, Santiago Mitre, 2011), y al mismo tiempo una buena carta de presentación para quienes la desconocen. En ambos casos, los resultados serán óptimos.

8.0

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