Juan Pablo Russo
05/10/2011 17:33

La ópera prima de Gustavo Taretto, Medianeras (2010), es, en pocas palabras, una obra de arte con mayúsculas. Una película resultante de la combinación de un guión solvente con todos los elementos visuales necesarios para que el cine sea cine.

Medianeras

(2010)

Medianeras tuvo su origen en el corto homónimo de 2004, que ganó más de cuarenta premios internacionales, marcando un hito dentro de la historia del cortometraje argentino. La historia y sus personajes son los mismos que hoy atraviesan el largo. Martín (Javier Drolas), un joven fóbico, hipocondríaco y adicto al trabajo que aprendió a relacionarse con el mundo a través de internet, y Mariana (antes Moro Anghileri, ahora la española Pilar López de Ayala), una vidrierista que acaba de terminar una relación de hace tiempo. A ambos los atormenta la soledad y, aunque ellos no lo saben, parecen haber nacido el uno para el otro. ¿Podrán encontrarse dentro de esa jungla llamada Buenos Aires, aunque sus vidas literalmente sólo estén separadas por una medianera?

Taretto propone con Medianeras contar una historia de amor pero que habla del no amor, ese amor que buscamos como si fuera Wally y que tal vez pasa a diario frente a nuestros ojos enceguecidos. Medianeras sigue las estructuras del cine clásico pero no por eso es una película antigua, aunque sí generacional. La historia habla de la incomunicación y los miedos surgidos en el nuevo siglo y de cómo la tecnología es en parte responsable. Cada vez los medios de comunicación parecieran ser mayores, pero esto a su vez hacen que uno se autoimponga un aislamiento implícito. Hoy uno se puede comunicar por chat, por mail, por Facebook, por Twitter, pero ¿se puede comunicar con otra persona cara a cara? Este y otros dilemas están planteados desde una línea de acción secundaria mucho más fuerte de la historia de amores desencontrados que a priori puede leerse desde una visión mucho más básica o simplista.

Resulta imposible imaginar la trama en otra ciudad que no sea Buenos Aires, esa ciudad que, como dice Martín, le da la espalda al río. La Reina del Plata es el marco ideal para ubicar a estos dos personajes desencontrados, perdidos entre medianeras, pero a la vez se establece una crítica muy fuerte a la despiadada arquitectura y al código urbanístico de la ciudad en donde pareciera (y así lo es) que nada se respeta. Edificios que se erigen como monstruos en medio de la nada sin importarles lo más mínimo del otro como sinónimos del egoísmo post moderno. La arquitectura tiene que ver con lo que les pasa a los personajes, y puede que estos a la vez sean responsables (indirectamente) de por qué la arquitectura es como es.

Se podrían escribir párrafos y más párrafos de Medianeras, y cuando a uno como crítico una película lo inspira a escribir quiere decir que las cosas están muy bien logradas. Podría escribir sobre la maravillosa actuación de la española Pilar López de Ayala y ese porteñísimo acento que logró para su Mariana, o de la contradicción latente que Javier Drolas supo brindarle a su Martín. Podría escribir sobre la excelente dirección de arte de Luciana Quartaruolo y Romeo Fasce o de la utilización de claroscuros en la fotografía de Leandro Martínez. Podría escribir miles de caracteres sobre los personajes secundarios a cargo de Rafael Ferro, la irreconocible Inés Efron o la cada vez más glamorosa Carla Peterson, sin duda una diva de los años 50. Podría escribir sobre la formidable música de Gabriel Chwojnik, sobre la influencias de Woody Allen, sobre el clasicismo…. Podría compararlo con el corto, pero ¿es necesario?. Si seguro lo van hacer todos. Pero para qué seguir escribiendo, al cine hay que verlo y, como mi profesión es la de recomendar películas, recomiendo fervientemente ver Medianeras, el Wally de la cinematografía argentina. Excelente.

10

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