Emiliano Basile
13/09/2011 17:50

El 6 de Marzo de 1958, se proyectó por primera vez para el público en el cine Gran Rex, Rosaura a las diez, la obra cumbre del director más perfeccionista que tuvo el cine nacional, Mario Soffici.

Rosaura a las diez

(1958)

Soffici comenzó a filmar allá por la década del 30, cuyo primer film conocido fue El alma del bandoneón en 1935. Realizó varias películas entre las cuales se destacan: Viento Norte (1937), Kilómetro 111 (1938), Prisioneros de la tierra (1939), La cabalgata del circo (1945), Pasó en mi Barrio (1951). Su última obra de importancia fue Rosaura a las diez (1958), basada en la novela homónima de Marco Denevi.

La llamada modernidad en el cine tuvo varios ejemplos, algunos nombran a El ciudadano (Citizen Kane, 1941) de Orson Welles como la primer película que produce un quiebre en el sistema canónico y en la estructura clásica del relato. Otro ejemplo es Rashomon (1950) de Akira Kurosawa. Estos films tienen una particularidad (así como Rosaura a las diez), y es que narran desde diferentes puntos de vista un mismo acontecimiento, otorgándole al relato tantas variantes como verdades absolutas pueda haber.

Pero Mario Soffici, que se formó en la industria y en el clasicismo, busca mediante el guión no dejar “desamparado” al espectador; crea para ello el personaje del policía investigador del caso. Aquel que va recolectando datos e incluso se permitirá una pequeña explicación sobre el final. Este personaje es con quien se identificará el espectador, es su alter ego, aquel que desde la pantalla cumpla su misma misión: recoger datos para resolver el enigma. Con este recurso Soffici articula todos los relatos y puntos de vista.

La novela de Marco Denevi está estructurada en tres partes, tres relatos que articulan la narración dejando la conclusión de la historia en manos del lector. Soffici se reunió con Denevi para escribir el guión, del film narrado por tres relatos que utiliza como distribución de la información al espectador; dándole forma de policial, desentramando con el transcurrir de los puntos de vista el misterio. Luego, y así como lo hacía Welles, vuelve al pasado con el cuarto relato para cerrar el círculo (la película termina donde comienza). Se explicita lo previo, lo pasado para justificar el presente, llegando al minuto cero de la película.

La mirada es de suma importancia en la construcción del filme. Está resuelta a partir de los puntos de vista de cada personaje y de la puesta en escena. El plano detalle de los ojos de Camilo Canegato, la toma detrás de las plantas en el patio de la pensión, punto de partida para el relato de David Reguel; y por último la mucama Elsa, personaje particular si los hay, que paradójicamente es la que menos habla y la que mas ve (en sus manos estaba la carta de Rosaura). Además el uso de luces y sombras utilizadas, sobre todo en el relato de Camilo Canegato, tiene aires del mejor expresionismo alemán, otorgándoles matices tanto a los personajes como a los decorados.

Una obra tan compleja como interesante, que ya es un clásico de nuestra cinematografía. Una oportunidad para ver Rosaura a las diez si aún no lo hizo o, en caso contrario, reencontrarse con ella.

10

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