Ezequiel Obregón
17/08/2011 10:58

¿Qué sucedería si el hombre que uno ama tiene una amante? ¿Y si uno se entera de la existencia de la otra cuando éste muere? Esa es la premisa argumental de Viudas (2011), con la que su realizador, Marcos Carnevale, da un paso sustancial en su carrera. La clave del film está en las actuaciones de Graciela Borges y Valeria Bertuccelli, una dupla perfecta.

Viudas

(2011)

Tras explorar en Elsa y Fred (2005), Tocar el cielo (2007) y Anita (2009) relatos en donde el plano sentimental aparecía por momentos exacerbado (hecho que atentaba contra la verosimilitud de las historias), aquí Carnevale centra la tensión en los dilemas y emociones que surgen en la pareja protagónica. Elena (Graciela Borges) es una realizadora cinematográfica de mediana edad que un día, en plena jornada laboral, recibe el aviso de que su marido acaba de sufrir un paro cardíaco. Su mundo comienza a tambalearse, más aún cuando descubre en el hospital a Adela (Valeria Bertuccelli), una joven que también se desmorona ante la pérdida de Augusto: el hombre que las acompañó a las dos. Tras varias apariciones de la muchacha, acorralada por perder su trabajo y luego de un intento de suicidio, finalmente Elena la deja vivir en su propio departamento.

Si el guión tiene algunos lugares comunes (y previsibles), también tiene la fortaleza de poner foco en el vínculo entre ambas. Es verdad que, a partir del ingreso de Adela en la casa y en la vida de Elena, la verosimilitud comienza a tensarse. Pero tanto la intimista puesta de Carnevale como la convicción que ponen las actrices, hacen de Viudas una película más que atendible. El vínculo entre ambas muta por los senderos del entendimiento, la ira, la falta de comprensión, pero -en definitiva- la identificación: ambas perdieron al amor de su vida.

Hay, desde luego, personajes secundarios que escuchan, aconsejan y acompañan a estas mujeres. Uno de ellos es la amiga de Elena, interpretada por Rita Cortese, una actriz que viene demostrando que, sin ser protagonista, brilla con luz propia, como en la reciente Los Marziano (Ana Katz, 2011). La otra es la mucama, una travesti “conflictiva”, Justina, que con interesantes matices compone el actor cómico Martín Bossi. El problema es que no es posible ubicar en un relato dramático (con sus momentos cómicos, desde ya) a un personaje cuya presencia es disonante respecto de lo que el género exige. Una presencia que comienza a funcionar a partir del momento en el que lo llamativo deviene cotidiano, pues la historia justifica (y “se nota”) la existencia de Justina en la casa de la señora. Hacia el final, da la sensación de ser un golpe de efecto que Viudas no necesitaba, pese al atendible trabajo de Bossi.

Si la película supera esos defectos es por concentración y no por dispersión. Carnevale incluye una secuencia realizada (o simulada) en formato súper ocho, con una versión de Paisaje interpretada por Vicentico. Una canción de Franco Simone popularizada por Gilda. Al igual que en este ejemplo, otros hallazgos de la puesta tienen que ver precisamente con “dejar hablar” a las dos mujeres, saber emplear el campo y contracampo no como un recurso televisivo sino como un detenimiento en el phatos dramático. En esos momentos, Viudas entrega momentos de profunda veracidad y conmoción.

Más justificados que la inclusión de Justina son las apariciones de los posibles pretendientes, quienes reflejan la diversidad con la que estas mujeres vivencian sus duelos. Porque aquí se trata de ellas. Viudas no es una película feminista, si bien es gratificante ver una historia en donde el vínculo amistoso femenino no tiene esos ribetes tan histéricos y despiadados que el mainstream norteamericano suele mostrar con especial predilección (Sex and the city y sus derivados).

En suma, Viudas film que conmueve, dirigido por un Carnevale que ha madurado, con dos actrices formidables. No es poca cosa.

8.0

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