Ezequiel Obregón
21/07/2011 19:46

Lluvia (2008) a propone un camino inverso al de su ópera prima, Herencia (2001). Mientras que en aquella la estructura se correspondía más con la de  un relato coral, con personajes que se cruzaban y se volvían a cruzar (cada vez de manera menos casual), aquí el encuentro es de a dos.

Lluvia

(2008)

En un embotellamiento en un bajo nivel, en medio de una copiosa lluvia, Alma (Valeria Bertuccelli) ve no sólo como “el cielo se viene abajo”, sino también su aparente vida sentimental. En soledad, percibimos toda su angustia. De pronto ingresa Roberto (Ernesto Alterio) a su automóvil, de forma intempestiva, y de ese cruce surgirá algo similar a una amistad, lo más parecido a la unión de dos personas que llevan una carga demasiado pesada.

En esa primera media hora, Lluvia consigue una inmediata empatía con el personaje de Valeria Bertuccelli (Alma), cada primer plano es un hallazgo más dentro de este trayecto del film más intimista. Los diálogos irán poniendo en evidencia la fragilidad emocional de los protagonistas, al mismo tiempo que surgirá entre ambos la necesidad de ser confidentes.

Luego de esa primera parte, el film intentará abordar lo que al comienzo se sugiere. Y allí perderá parte del rigor en la construcción de los personajes conseguida, con algunos flash-backs que sobre explican algunos temas. No obstante, la atmósfera de la película continuará hilvanando esos momentos en los cuales tanto Alma como Roberto afianzan su vínculo. Vínculo que –casi de forma tácita- será tan breve como necesario, puesto que Roberto tiene una familia esperándolo en España, al término de tres días.

Merece ser destacado el trabajo del fotógrafo Guillermo Nieto. Su minucioso trabajo consigue capturar cada variación en el rostro de los personajes, sin descuidar el ambiente lluvioso que cederá hacia el final, cuando Alma pueda ver un poco de luz en medio de semejante tempestad.

6.0

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