Ezequiel Obregón
30/06/2011 15:43

Los paranoicos es una película que construye muy buenos climas, casi extensiones del mundo de Gauna.  El personaje vive en el departamento de su abuela, plagado de objetos kitsch, de colores ocres que dan cuenta de su estado emocional.  Simbólicamente, remite a los efectos residuales de la década del ’90, que arrojó un puñado de jóvenes que presentan una imagen globalizada y exitosa (Manuel) en contraposición de muchos otros que viven alienados y a la deriva (Gauna).

Los Paranoicos

(2008)

Luciano Gauna (Daniel Hendler) es un tipo joven, animador de fiestas infantiles, un poco neurótico, introvertido, teme haberse contagiado HIV, pero (como le aclaran en la línea sobre SIDA cuando finalmente se anima a hablar) las posibilidades de contagio son pocas.  Un día llega su amigo de toda la vida, Manuel, uncanchero que la pegó en España, en donde realiza la serie Los Paranoicos, que tiene como personaje principal a un tal… Luciano Gauna.  Manuel se impone hasta físicamente (es interpretado por el gran Walter Jakob, grande en tamaño y en capacidad actoral).  Y no llega sólo: viene con su novia, la bella Sofía (Jazmín Stuart).

Gabriel Medina construye una puesta clásica, podríamos decir “discreta”.  Pero discreta en relación al modo en el que deja entrever las carencias de sus personajes.  Jakob compone a un personaje desmesurado, violento en su modo de proceder con los otros.  Tanto Hendler como Stuart dotan a sus criaturas de una economía de gestos apreciable en el juego de miradas que comparten.  Esa complicidad (muy bien representada por la escena de la cena) habla de sus miedos, sus ilusiones, la necesidad de afecto que los atraviesa. 

La película presenta climas muy elaborados por la nueva comedia americana, sobre todo en el cine de Paul Thomas Anderson.  La escena en la que Gauna estalla en ira contra el chino del supermercado nos puede remitir al Adam Sandler de Embriagado de amor.  Todo un mundo en sí mismo, Gauna representa una franja generacional, pero al mismo tiempo lleva marcas que lo singularizan.  En una de las imágenes más intensas del film baila en soledad, extrañado, objetivando quizás toda la energía vital que el entorno le imposibilita desarrollar.  Ese baile subraya el contacto que Gauna ha perdido, el miedo al otro que su insistencia en el asunto del HIV insinúa. 

De miradas cómplices, de miedos intensos, de mundos virtuales que no necesariamente son consolatorios, del enamoramiento, de todo esto habla Los paranoicos, una gran película que tiene uno de los finales más emotivos que en el último cine argentino hemos visto.

8.0

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