Lucia Roitbarg
13/06/2011 16:22

Si bien el director Eran Riklis (La novia Siria, 2004) sitúa su film en Israel y Rumania para mostrar una historia vinculada a su cultura, Una misión en la vida (The Human Resources Manager, 2010) tiene que ver con los vínculos. Riklis propone el restablecimiento de relaciones y valores que en el mundo capitalista tienden a depreciarse, con una historia simple y optimista.

Una misión en la vida

(2010)

A través de una publicación en la prensa, la empresa panificadora más importante de Israel aparece difamada por su falta de ética y humanidad. En la noticia se da a conocer que una de sus empleadas fallece a causa de un atentado terrorista y nadie fue a reconocer o reclamar su cuerpo. La jefa de la empresa encarga al Gerente de Recursos Humanos (Mark Ivanir) que limpie el nombre de la panificadora. El reconocimiento de la víctima hasta su entierro quedan así en sus manos, y lo que él consideraba un mero trámite se convierte en una verdadera misión.

Una vez presentado el conflicto principal, el film se convierte en un Road Movie, con personajes disímiles que se suman al viaje que debe emprender el Gerente para lograr enterrar el cuerpo. En este trayecto, el protagonista se encontrará con el hijo de la fallecida, de origen rumano. Esta relación, a pesar de los problemas de comunicación, es clave para el curso que tomará la historia y para la transformación que el personaje del gerente sufrirá lentamente.  Su visión fría y descomprometida frente al asunto que debe resolver empieza a convertirse en una crisis de identidad y un encargo que parecía totalmente ajeno a su vida y su trabajo cotidiano, se le torna su única meta en la vida.

La película tiene también momentos de humor que, si bien no tienen gran eficacia, son necesarios para alivianar el clima trágico que la presencia del cajón fúnebre instaura en todo el recorrido. Por otro lado, como se menciona al comienzo de la nota, el director no deja en ningún momento de lado el contexto político y cultural de su país y eso es lo que le otorga a Una misión en la vida su idiosincrasia particular. No se pretende indagar a fondo en ese contexto pero con algunos elementos Riklis deja asomar su preocupación por su país, representando esto a través de la forma en que las personas son afectadas en su vida diaria. La historia se resignifica así desde diferentes ángulos que dejan entrever una mirada crítica, y tal vez de cierto dolor.

Esta película intenta conmover al espectador pero muy sutilmente, sin lugares comunes ni golpes bajos. Porque lo que se pretende principalmente es de dar un mensaje esperanzador, sobre los vínculos humanos y las solidaridad, con un relato claro y simple. Misión cumplida.

6.0

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