Lucia Roitbarg
09/05/2011 16:40

Del director Doug Liman (Sr. y Sra. Smith, 2005) llega este film basado en el caso conocido como “Plamegate”, en el cual el gobierno norteamericano aparece fuertemente cuestionado por su accionar en temas como la guerra y el terrorismo tras los atentados del 11 de Septiembre de 2001. Poder que mata (Fair Game, 2010) muestra una historia compleja y atrapante, aunque por momentos con demasiada información y excesivos diálogos.

Poder que mata

(2010)

Valerie Plane (Naomi Watts) es una agente encubierta de la CIA dentro de la división Anti-proliferación de armas nucleares. A pocos meses del atentado terrorista, decide investigar una posible venta clandestina de uranio de Nigeria a Irak para su programa nuclear. Valerie recomienda a Joe Wilson (Sean Penn), su esposo y ex embajador para ese trabajo. En su informe a la CIA, Wilson afirma que la supuesta venta no es un hecho que pueda ser confirmado por los datos recopilados en aquel país. Aun así, el gobierno norteamericano afirma tener suficientes pruebas para declarar públicamente la inminente guerra con Irak. De esta manera, un diplomático intransigente y su mujer se verán altamente comprometidos en un caso de traición, manipulación y abuso de poder por parte del gobierno.

En el comienzo del film se muestra a Valerie en pleno espionaje y en su trabajo cotidiano dentro de la CIA. En estas escenas se aporta mucha información acerca de las armas de guerra, Sadam Husein e Irak, lo que ayuda a contextualizar pero también a confundir: se propone desde la dirección una puesta ágil pero en escenas repletas de información, con muchos personajes y de palabras poco familiares, dificultando el seguimiento de la trama. Es una vez avanzado el argumento que casi todo lo anterior empieza a cobrar sentido, si bien muchos elementos parecen sobrar.

El director decide mostrar a Valerie y Joe como una pareja cualquiera, pero destaca que no son ciudadanos comunes: el trabajo que realizan y su vinculación con el Gobierno los posiciona en un lugar secreto y altamente comprometido. La película trabaja esta dicotomía constantemente, pero la pareja cambiará luego de que la trama avance. Cuando se produce el conflicto principal, los protagonistas son representados como verdaderos héroes: dos ciudadanos que siempre trabajaron para su gobierno ahora se convierten en sus principales enemigos. La estructura a partir de aquí es la lucha del bien contra el mal, y bien podría ser como en aquellos films donde el hombre pelea contra un monstruo, al parecer invencible, en este caso la Casa Blanca.

La propuesta de Poder que mata es propensa a diálogos y/o escenas con carácter de moraleja, lo que se aprovecha muybien. Dado que al film le sobra acción, que el elenco principal es más que valioso y convincente y que la historia es, además, un hecho verídico, dichas escenas son más que criticables y le restan fuerza a un film que habla por sí solo.

6.0

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