Juan Pablo Russo
20/04/2011 18:17

Carlos Sorín (Historias mínimas, 2002) estuvo abocado a la creación de un cine de pequeñas historias con una fuerte impronta narrativa donde lo humano prevalecía por sobre el efectismo. Luego del minimalismo de La Ventana (2009), se sumerge en una película de género, pero sin perder esas características que hicieron de su obra una marca personal.

El gato desaparece

(2011)

Luis acaba de salir del neuropsiquiátrico para volver a la casona que comparte con Beatriz, su mujer. Todo parece marchar sobre ruedas hasta que, luego de un extraño episodio, el gato desaparece.

La visión de Beatriz sobre el estado de su esposo es el lugar donde se ancla la trama central de El gato desaparece (2010),  el principal motor del suspenso que genera la historia. Con mínimos elementos y una fuerte carga dramática puesta en la construcción de los personajes, Sorín imprime misterio a través del fuera de campo, el desencuadre y el pensamiento de Beatriz.

Hay un fuerte crescendo dramático en la narración que se traslada a los personajes. Tanto Luis Luque como Beatriz Spelzini entregan dos composiciones increíblemente extraordinarias, llenas de matices y evitando caer en el cliché al que se suele recurrir para referirse a la locura.

Como en toda película de suspenso la música juega un rol esencial y El gato desaparece no será la excepción a la regla, aunque hay que destacar que aquí no es el motor para que funcione, sino una compañía que aparecerá en los momentos necesarios.

Carlos Sorín evade la obviedad y nos sumerge en una película de género con la maestría que sólo los grandes pueden hacerlo, con la sencillez característica de un cine que se destaca por contar historias y la inteligencia de un director que se permite hacerlo bien.

8.0

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