Juan Pablo Russo
04/04/2011 14:10

Belgrano (2010) nació como un telefilm. Pero no por eso tiene menos virtudes que una concebida para la sala oscura. Por momentos es posible preguntarse cuál es la diferencia y la respuesta es clara: ninguna. Uno termina encontrándole una construcción narrativa e histórica mucho más solvente que algunas “telenovelas históricas” que pasaron por la cartelera del último año, incluso con injustos reconocimientos del público y cierto sector de la crítica, como el caso de la multipremiada El Discurso del Rey (The King's Speech, 2010).

Belgrano

(2010)

Dirigida por Sebastián Pivotto (La leyenda, 2007), Belgrano se centra en la historia del creador de la bandera argentina desde una perspectiva diferente a la esperable. La trama está narrada desde un flashback que sitúa el relato en la ciudad de Tucumán tomando como eje del conflicto la “derrota “de la Batalla de Tucumán. Desde ese momento histórico el film recorre las diferentes perspectivas de la vida de un hombre común cuyas decisiones cambiarían la vida de una nación.

La historia de Manuel Belgrano no está tratada desde lo "extraído del bronce", ni siquiera se propone mostrarlo como el héroe que fue. Muy por lo contrario, y para bien, lo baja del pedestal para acercar a un hombre simple que difiere del resto por la particularidad de que las decisiones que debe tomar afectan de manera directa al futuro de un país.

Pablo Rago construye un Belgrano hombre, no al héroe intocable visto desde la perfección. Desde las primeras escenas se lo ve como un ser humano que en nada difiere de sus soldados, con un sentido del humor y manejo de la ironía que lo vuelven mucho más cercano al mundo terrestre que a la leyenda que la historia terminará por convertirlo. Y es en este punto en donde la película gana en fluidez narrativa, ya que la identificación que uno puede tener con el hombre es mucho más cercana que la que muchas veces los libros o el cine imponen.

Para referirse a todos los momentos históricos, o al menos los más preponderantes de la Argentina, sin provocar vacíos narrativos o baches, muy hábilmente se tomó la decisión de encararla desde los recuerdos de un Belgrano enfermo que se encuentra con su alter ego para así obtener las respuestas que necesita para entender el porqué de sus decisiones y la ausencia de reconocimiento por parte de las autoridades nacionales. Belgrano fue un hombre cuyo reconocimiento llegó mucho tiempo después de muerto y que invirtió todo su dinero en una causa que a él le parecía justa y que el tiempo terminó dándole la razón. El olvido y la falta de provisiones cuando estaba en batalla puede ser visto como un paralelismo a lo sucedido en plena guerra de Malvinas, cuando las autoridades también “ignoraron” a los que allí peleaban librándolos a su propia suerte. Las guerras de este país y los héroes que en ellas pelearon siempre encuentran una conexión en el abandono tras la derrota.

La aparición de Valeria Bertuccelli, como la amante de Belgrano y madre del hijo que terminó reconociendo como suyo Juan Manuel de Rosas, es otro de los momentos que desacartonan la historia. Guillermo Pfennig y Mariano Torre también aportan lo suyo, mientras que Pablo Echarri como San Martín tiene uno de los diálogos más imprevisibles e insólitos que nadie nunca imaginaría que podría darse entre el Libertador de América y el Creador de la Bandera Argentina, pero que habla de que ambos eran hombres por encima de los próceres que la historia nombró.

Como ya lo dijimos Belgrano nació como un telefilm, pero eso sólo es un hecho fortuito o producto de la casualidad ya que desde todos los puntos de vista termina siendo un producto mucho más digno y con una mayor cantidad de logros que cualquier proyecto nacido de manera premeditada para la pantalla grande. La historia de un hombre que soñaba con una revolución y que la historia convirtió en héroe es mucho más que una película didáctica, es una clase de como hacer cine épico con escasos recursos y mucha creatividad.

8.0

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