Ezequiel Obregón
17/03/2011 12:27

El realizador portugués Manoel de Oliveira (con 102 años, el cineasta más longevo del mundo) entrega un film ameno, construido con una gran simplicidad que deja espacio para la reflexión sobre lo verdadero y lo falso, la realidad y la fantasía. Temáticas que el cine explora desde siempre y que aquí aparecen envestidas de fábula moderna.

El extraño caso de Angélica

(2010)

Isaac es un joven fotógrafo solicitado por una familia rica de Régua para hacer el retrato de Angélica, la bella hija que acaba de fallecer poco tiempo después de haberse casado. En el momento en el que va a tomar la fotografía, observa cómo la joven –de una belleza etérea- le sonríe. A partir de ese momento, Isaac se obsesiona por ella y comienza a cuestionar el estatuto de lo Real. Todo lo admitido previamente como posible se ve trastornado.

El extraño caso de Angélica (O estranho caso de Angélica, 2010) es una película honesta, que pone al espectador de frente a un tema filosófico como lo es la ontología, pero jamás lo engaña. Diremos que lo sorprende, del mismo modo que le ocurre al protagonista. Manoel de Oliveira, lejos de toda solemnidad para abordar “temas importantes”, recupera el tono lúdico de los primeros filmes que transitan el fantástico, remontados a los tiempos de George Melies. Los efectos especiales del filme son rudimentarios adrede, en cierto modo buscan ese sesgo infantil de la imagen más sencilla para representar lo desconocido.

Por otra parte, el portugués sostiene su estilo intacto. En la pensión en donde vive momentáneamente el joven, habitan personajes que remiten al saber común, a la ciencia y a la religión. Como si se tratara de un diálogo filosófico, debaten acerca de aquello que es sustancial en el film y que Manoel de Oliveira jamás olvida: el orden de lo Real, en permanente fricción con la conciencia humana. El cine, en su capacidad icónica de remitir de forma mimética a su referente, es el medio que le provee a la modernidad las herramientas más adecuadas para dar cuenta de esta oposición. En aquel diálogo, en cierto modo crucial para el desenlace, los personajes ponen en evidencia esta dicotomía, en una extensa secuencia que constituye uno de los rasgos autorales del director, llevado al paroxismo en Una película hablada (Um filme falado, 2003).

Es notable percibir en la obra de un realizador tan anciano tantas ideas, tanta pasión por el cine. Como la enigmática belleza de su figura femenina central, El extraño caso de Angélica invita al goce puro.

8.0

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