Lucia Roitbarg
15/03/2011 14:20

La vinculación de los protagonistas con la muerte es el núcleo que desencadena una historia den la que el ridículo, lo absurdo y el humor negro nunca descansan. Con un estilo allegado al de Alex de la Iglesia, el director Ian FitzGibbon consigue con Cuatro muertos y ningún entierro (A film with me in it, 2008) una comedia tragicómica con una sólida coherencia estética. Entretenimiento asegurado.

Cuatro muertos y ningún entierro

(2008)

Mark (Mark Doherty) es un actor fracasado que no logra conseguir trabajo para pagar el alquiler de su ya casi destruido departamento. Cada día debe enfrentarse a las súplicas de su mujer para que arregle los desperfectos de la vivienda, a la vez que intenta huir de la vista del propietario para evitar pagar los meses adeudados. El cuadro se completa con su enfermo hermano, anulado mental y físicamente; el perro de su novia y su amigo Pierce (Dylan Moran). Este último se define como “director, escritor y camarero” aunque, si bien no para de proponer ideas para futuras películas, no hace nada de todo eso y auspicia de consejero de Mark. Un día, sin quererlo, Mark y Pierce se encuentran altamente comprometidos con una serie de muertes, contexto del cual intentarán librarse pasando por las más hilarantes situaciones.

Esta película tiene un don especial en sus dos actores principales, cuyas características físicas y su gestualidad no podrían ser más perfectas para esta comedia. El director exacerba todas estas formas con la angulación de la cámara, los continuos primerísimos planos de los rostros, la iluminación. Además, cada objeto o persona que comprometen a los protagonistas es subrayado por el plano detalle que, sumado a la música, crea un clima enrarecido, donde el director claramente apela al suspenso aunque muchas veces desde lo ridículo.

Podría afirmarse igualmente que la confianza en la dupla protagónica es sobreestimada. La película se mueve por lugares familiares de la comedia. Y a veces previsibles, lo que no la desacredita en absoluto pero, al lucir a los actores, dilata escenas que no provocan giros interesantes a la trama y desacelera cierta agilidad que propone el film. Como contraparte, la película consigue diálogos muy ingeniosos y manejados con un buen ritmo.

El film está pensado y filmado como comedia. Los planos preanuncian la comicidad de las escenas, y en esa redundancia la película adquiere una estética lúdica acorde a su planteo. De hecho, el título original del film en castellano significa “una película conmigo en ella”. Y este elemento vale ser destacado porque el film también juega con la autoreferencia desde un lugar humorístico y que resultará muy efectivo dramáticamente.

8.0

Comentarios