Benjamín Harguindey
28/02/2011 20:02

Hace algunos años nadie daba un centavo por el western. Era un género muerto, yeta en taquilla y harto parodiado. El nuevo siglo vio su tímida resurrección de la mano de competentes ejemplos culminando con Temple de acero (True grit, 2010), que ha terminado de signar al género nuevamente como ‘bancable’ a ojos del público. Rango (2011) es la entrada animada/infantil a esta afluencia, y quién mejor que Gore Verbinski, el tipo que revivió las películas de piratas con sus Piratas del Caribe (Pirates of the Caribbean), para dirigirla.

Rango

(2011)

Perdido en medio del desierto californiano, nuestro protagonista –una lagartija doméstica– va a parar a un pueblo de mala muerte llamado ‘Mugre’, donde el agua es tan escasa que sirve de moneda. Giros del guión lo llevan a inventarse una falsa identidad heroica, “Rango”, y a proteger a los animalejos vaqueros que habitan Mugre.

La animación no es ni de Disney ni de Pixar: entra al juego Industrial Light & Magic, compañía de efectos especiales que se ha mantenido siempre a la delantera con Star Wars (1977), Jurassic Park (1993) y Jumanji (1996), entre varias. Rango es su primera película completamente computarizada, lo cual no sólo garantiza gráficas de primera línea, sino un estilo propio, mejor demostrado en el diseño de los personajes, que es levemente grotesco. Probablemente sea esto, más la (tenue) violencia del viejo oeste, lo que requiere la compañía de adultos en lo que a niños refiere.

A la violencia del viejo oeste sumamos las referencias dirigidas a los adultos, desde las más obvias hasta las más insólitas, aunque sospechemos que los que se pierden el chiste ni se van a dar cuenta (¿Cuántos niños saben de Clint Eastwood?). Por otro lado, éste no es un western en el sentido más clásico de la definición. Las cantinas reciben a sus forasteros tensamente, y el duelo siempre es final, definitivo y catártico. Verdad. Pero el humor es sardónico, su elenco de animales antropomórficos, bizarro, y el primer acto de la película linda lo surrealista.

Un comentario sobre las voces de los intérpretes. En el inglés original, Johnny Depp lidera un elenco de estrellas y vetes del género. En su traducción, Rango y sus amigos hablan en castellano neutro (ejemplo, Los Simpson), a excepción de dos o tres matones, que hablan porteño, y en sus únicos dos minutos de aparición logran meter “che” y “boludo” al parlamento, lo cual le quita algo de magia y encanto a la película. Se puede traducir cualquier buena película a cualquier idioma y dialecto sin perder su esencia, pero traducirla a dos al mismo tiempo y apoyarse en un lunfardo mundano para hacerlo no sólo distrae la atención, sino que opera en detrimento de la ilusión de la película.

El camino del héroe lo conocemos todos, con sus cavilaciones existenciales y sus prolongadas secuencias de acción. La invitación a recorrerlo siempre está bienvenida, ya sea bajo la creativa guisa de película infantil u homenaje al género cinematográfico más viejo y afecto de todos. Como se la vea, Rango es una experiencia bella por su distintiva fotografía, y a lo largo, buen entretenimiento.

8.0

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