Juan Pablo Russo
20/10/2010 14:26

Liliana Paolinelli sorprendió hace un par de años con una ópera prima que pasó de manera inadvertida en la cartelera argentina. Por sus propios ojos (2008) nos presentaba desde un estilo narrativo diferente, en el que se mezclaba la ficción y el documental, la extraña relación entre una estudiante y un convicto. En su segunda película, la realizadora sigue interesada en el tema de los vínculos aunque de una manera mucho más clásica y menos innovadora.

Lengua Materna

(2010)

Ruth ya pasó los cuarenta y lleva adelante una relación gay desde hace algunos años. Estela, la madre, piensa que ella vive con una amiga, y se entera de sopetón y sin previo aviso que la amiga no es tal sino que en realidad es su pareja. A partir de esa situación la trama virará en la relación vincular entre estos dos seres y de cómo la madre intentará asimilar la situación actuando de la manera más normal posible, aunque para el resto suene raro.

Paolinelli utiliza un estilo muy poco usado en el cine argentino como lo es la comedia clásica, con una historia que transita la linealidad y en donde todo el argumento gira en la relación madre e hija, más allá de algunas subtramas que sirven únicamente para matizar un guión, por momentos anacrónico, focalizado en dicha relación.

Resulta casi imposible imaginar la película sin la antológica actuación de Claudia Lapacó como esa madre que ante el desborde de la situación camina sobre una pendiente que de caer la hará estrellarse contra el ridículo. Con tonos justos, sin desbordes y con una naturalidad que parecía olvidada en el cine de los últimos tiempos, la actriz de Eva & Lola (Sabrina Farji, 2009) es uno de los sostenes de una historia simple y sin demasiadas pretensiones. Junto a ella Virginia Innocenti, Mara Santucho, Claudia Cantero y Ana Katz aportan los condimentos extras que la película necesita, aunque sin ninguna sorpresa.

Tras una ópera prima tan arriesgada, uno hubiera querido ver un poco más de osadía en Lengua Materna (2010), algo que rompa con el clasicismo y que por ahí resulte más vanguardista. Pero eso es lo que uno hubiera querido y no lo que en definitiva se ve. Así que como no se puede criticar lo que no está simplemente nos remitiremos a lo que vimos y lo que se ve es una historia honesta, contada de manera simple y con una interpretación memorable de Claudia Lapacó. El resto fueron sólo las expectativas de ver algo diferente, aunque seguimos poniendo fichas en Liliana Paolinelli.

6.0

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