Juan Pablo Russo
18/08/2010 15:22

Hay películas que van mucho más allá de lo que a simple vista muestran y que leyendo entrelineas es en donde radica el verdadero valor de su discurso. Dependerá de la sutileza de un director para mostrarlo y de la habilidad del espectador para encontrarlo. La mirada invisible (2010) es el metafórico título para el último film de Diego Lerman, en dónde lo esencial de la historia radica en lo que no se ve pero paradójicamente puede verse.

La mirada invisible

(2009)

María Teresa - magistral trabajo actoral de Julieta Zylberberg - es preceptora del Colegio Nacional Buenos Aires durante la última etapa de la dictadura militar argentina. En épocas de disciplina militar, obediencias debidas y rigor educativo, decide comenzar una investigación para descubrir si los varones fuman en los baños. María Teresa se encerrará durante horas entre el excremento y el orín. Pero no será un culpable lo que busque esta mujer, sino que en ese lugar nauseabundo será en donde encuentre el placer sexual que tiene negado y mucho más.

¿Hasta dónde llegan los límites de la perversión? Pareciera ser esta la pregunta que el tercer film de Diego Lerman (Tan de repente, Mientras tanto) se hace de manera rotunda. ¿Es María Teresa víctima o victimaria del sistema? ¿Está bien lo que hace o está mal? ¿Quién es más perverso el que mira o el que se regocija con saber lo que hace el otro? Preguntas cuyas respuestas no serán develadas facilmente pero que de manera implícita el film plantea categóricamente.

Formalmente el film se plantea desde una mirada invisible de la que el espectador es participe a través del uso permanente de los fuera de campos, así como los personajes son espiados sin ser vistos, al espectador también se le niega la posibilidad de visualizar situaciones que son reemplazadas por imágenes que, a simple vista, pueden dar la sensación de no decir nada, pero que en su conjunto serán más explicitas que lo que podría haberse visto propiamente en escena.

Un párrafo aparte merece la genial actuación de Julieta Zylberberg en un personaje tan puro como retorcido, causante de tanta lástima como odio a la vez, y de Osmar Núñez como un jefe de preceptores sin ningún tipo de escrúpulos y que se regodea de no tenerlos. Resulta imposible imaginar a cualquier otro actor en un personaje digno de una película de Hitchcock.

La mirada invisible nos ofrece un relato simple en él que la mirada está puesta en aquello que no se ve pero que puede verse, al menos si uno quiere. No es lo mismo mirar que ver y es ahí en donde radica el eje de esta historia. Será el espectador quien descubra más de una mirada sobre un relato con muchas más aristas de las que se pueden llegar a enunciar en un sólo texto y que reconfirman a Lerman como uno de los grandes directores del cine argentino, capaz de contar una película desde lo que no puede verse.

8.0

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