Emiliano Basile
01/07/2010 16:54

Convencional, esquemática y previsible es Decisiones extremas (Extraordinary Measures, 2010). Lo que salva a la película de convertirse en un absoluto bodriaso es su afán en exponer el mecanismo de marketing que debe atravesar la medicina para conseguir que los grandes laboratorios norteamericanos financien la cura a una enfermedad terminal.

Decisiones extremas

(2010)

John Crowley (Brendan Fraser) es un padre de buen corazón que tiene a dos de sus tres hijos con Pompe, una enfermedad genética terminal. Su desesperación lo lleva a encontrarse con el Dr. Robert Sonehill (Harrison Ford), un científico excéntrico que tiene la teoría de la cura pero no puede llevarla a cabo por falta de fondos. Mediante su persistencia empieza a hacer “lobby” en los grandes laboratorios para convencerlos de que financien la droga que posibilite la cura.

Casi sin proponérselo Decisiones extremas expone el cruel mecanismo comercial que nuclea el sistema de salud en Estados Unidos. Con naturalidad y resignación el personaje de Brendan Fraser accede a vender literalmente los beneficios comerciales de conseguir la cura del Pompe a los laboratorios. No importa el factor humano, el “salvar vidas” en cuestión. Sólo importa su alcance en el mercado. Pero este padre de familia ante la desesperación en la que se encuentra hará lo posible por persuadir a los empresarios de la salud.

Este elemento temático vuelve interesante a un film que intenta ser Un milagro para Lorenzo (Lorenzo's oil, 1992) sin conseguirlo claro, y promueve toda la sensiblería con golpes bajos incluidos de Erin Brockovich (2000). Decisiones extremas no está a la altura de ninguno de los films mencionados, sin embargo es el acento puesto en el negociado de la medicina norteamericana lo que le da cierta dignidad a la película.

Otro punto alto es el duelo actoral que se produce entre los protagonistas Brendan Fraser y Harrison Ford. Sin salirse de los personajes habituales (esta es una película hollywoodense, con todos los clichés posibles) logran tener un par de duelos actorales en los que se sacan chispas. Su contraste de personalidades enriquece al film en la dosis justa.

Basada en hechos verídicos, Decisiones extremas corre la misma suerte que los enfermos de Pompe en la película: No se curan pero al menos salvan su existencia.

6.0

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