Hernán Panessi
16/03/2010 12:47

Dirigida por John Lee Hancock, creador de El Novato (The Rookie, 2002), película de Disney sobre baseboll con Dennis Quaid, quien también escribió el guión basándose en el libro “The Blind Side: Evolution of a Game”, de Michael Lewis, Un sueño posible (The Blind Side, 2009) tiene una sub-lectura peligrosa: los blancos salvan a los negros.

Un sueño posible

(2009)

Un sueño posible es la historia de Michael Oher (Quinton Aaron), un marginal afroamericano que será rescatado de la calle por una familia acomodada encabezada por Leigh Anne Tuohy (Sandra Bullock). Viviendo en un entorno que le es ajeno, Michael irá desarrollando habilidades como jugador de fútbol americano convirtiéndose en un héroe popular entre los jóvenes y en un producto codiciado por los seleccionadores universitarios.

Los vínculos genéticos de Michael son sumamente disfuncionales: una docena de hermanos repartidos por el país, descentralizados por una madre adicta al crack. Al intentar sobrevivir tibiamente en la calle como un sufriente nómade, los Tuohy –una influyente y adinerada familia que decide adoptarlo- determinarán un nuevo presente al conflictuado adolescente presentándole la posibilidad de estudiar, desarrollarse intelectualmente y, sobre todo, insistirle en el deporte (motivo aparente que será el plot point de una trama liviana y sin demasiadas complicaciones vagantes entre reconocimientos excesivos y depresiones sin desenvolver).

¿Por qué los estereotipos siguen funcionando en la estructura comercial hollywoodense? ¿Por qué los afroamericanos son mostrados como gangstas y los blancos como civilizados pudientes? Esta “problemática continua” resta puntos en la credibilidad retratista (una historia que se comercializa como real, termina por ser vendida, pese a ser una “comedia familiar”, como un todos-hagamos-feliz-al-negrito de forma estrictamente superficial).

Hay un personaje que es realmente simpático, un niño capaz de darle la cuota de onda a un elenco convencional, donde todo funciona en plan del éxito deportivo, entre emociones tibias, del muchacho protagonista, y es S.J. Tuohy (Jae Haed). Este pequeñito entrometido le pone la simpatía justa a un relato con la oportunidad de explotar pero que termina en las medias tintas de lo complaciente. Una perla a rescatar.

Por otro lado, Sandra Bullock como la tutora de Michael Oher, Miss Sue, la señorita Tuohy, está tan regular que dan ganas de avisarle que está protagonizando una película con contenido social, demostrando con ello la pifia del cast. Sin embargo, pese a las oscuridades de la simplicidad (la linealidad del guión), la película se sostiene por lo entretenido de lo cotidiano y lo superlativo del desenlace: que Michael Oher esté en la universidad o jugando en la NFL poco le importa a todos (protagonistas y espectadores), lo que de alguna manera libera ciertas tensiones.

Si bien la taquilla respondió positivamente en los Estados Unidos, este film no comparte la coyuntura de la idiosincrasia nacional, por lo que puede costarle su aceptación en nuestro mercado. Conste: si va a ver una comedia de deportes, está bien.

6.0

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