Juan Pablo Russo
03/03/2010 16:07

Con una impronta que en cierto punto puede ser comparada con la de la cineasta argentina Lucrecia Martel (La mujer sin cabeza, 2008), La teta asustada (2009) es un film que más allá del tema que trata, trasciende por la forma en que se decidió contar una historia rica en matices, en la que lo implícito es superior a lo que a simple vista se transmite.

La teta asustada

(2009)

Fausta es una muchacha de la clase baja peruana, huérfana de padre cuya madre muere al comenzar el film. Su tío se ha encargado de ella, quien sufre de desmayos permanentes a raíz de un sangrado nasal provocado en las situaciones en las que el pánico se apodera de sí. Fausta quiere llevar el cuerpo de su madre al pueblo donde nació, pero también el pueblo donde sufrió lo violencia de la guerrilla que la violó cuando estaba embarazada y mató a su esposo. De ahí el nombre de “la teta asustada”, una especie de miedo que se transmite en la leche materna y que de grande provocará un síndrome conocido como tal y que forma parte de la leyenda popular.

Claudia Llosa nos presenta un relato impecable en el que las imágenes serán mucho más elocuentes que las palabras. Sin duda, la realizadora tiene en claro en qué lugar ubicar la cámara para transmitir en cada gesto de los protagonistas las palabras que innecesariamente estarían de más. Planos generales que se intercalan con planos detalles de personas o elementos que casi de manera sistemática van llevando al espectador hacia las peores miserias del ser humano pero sin caer en el estereotipo ni en la redundancia.

Las diferencias sociales son puestas en el conflicto como parte del mismo, pero de manera casual, es como si el azar fuera el determinante de la suerte de cada uno de los protagonistas y cómo, de manera simbiótica, se retroalimentarán entre sí para, como en toda sociedad considerada como tal, terminen siendo los ricos los que ganen por sobre los pobres. Este ejemplo puede verse cuando la patrona de Fausta se nutra de las canciones que ella interpreta para así lograr su cometido y conseguir el éxito a cambio de mentiras y promesas incumplidas.

La teta asustada no sólo se queda en un tema, sino que de la misma manera que Martel, Claudia Llosa va transitando por las miserias humanas de manera elocuente y fugaz. El temor a la sexualidad, el abuso, la ignorancia, las creencias populares, los mandatos,  la burguesía, la opresión de las clase sociales, son temas por los que la película nos va llevando sin darnos cuenta, pero que están y no por eso pasarán inadvertidos.

El cine peruano ha conseguido gracias a La teta asustada trascender más allá de sus fronteras, no sólo consiguió el Oso de Oro en Berlín 2009, sino que ahora competirá por un Oscar a la mejor película extranjera, una apuesta fuerte, que más allá de conseguirlo o no es loable debido a la riqueza de su historia y la construcción cinematográfica de la misma, a pesar de que los argentinos tengamos “un secreto” en nuestro corazón.

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