Ezequiel Obregón
30/01/2010 00:38

La nueva película de Ridley Scott reconfirma su talento como director profesional, capaz de entregar secuencias filmadas con notable rigurosidad. En Red de mentiras su oficio queda un tanto resentido por culpa de un metraje excesivo y un guión maniqueo, tanto desde la línea política como la del romance.

Red de mentiras

(2008)

La historia gira en torno a la labor que cumple un agente de la CIA interpretado por Leonardo DiCaprio, quien “trabaja” en Jordania para desmembrar la organización de un terrorista.  Es supervisado por un agente de mayor rango (Russell Crowe), quien lo vigila satelitalmente desde Estados Unidos.

Si bien esta relación a distancia permite generar escenas de tensión (sobre todo cuando las cosas se ponen feas en Medio Oriente) tiene un desarrollo que pierde interés hacia la segunda mitad del film.  El terrorismo está retratado de manera maniquea, pero la vertiente dramática que muestra el relato en torno al personaje de Crowe es más interesante.

Una escena es clave: el personaje en la cotidianidad de su jardín, decidiendo parte de la historia de Norteamérica, mientras su mujer lo llama desde la cocina. El perfil se corresponde con un americano medio, panzón y con ropa deportiva. Allí es donde Red de mentiras ofrece una mirada certera sobre el estado del mundo: la invisibilidad de los núcleos de poder.

Menos consistente son las peripecias que sufre el joven. Una historia de amor que –en su liviandad- le quita importancia a la trama principal se torna demasiado extensa hacia la segunda mitad del relato.  A partir de entonces, el film atenúa su dimensión política. No importa que la chica en cuestión sea de otra etnia. La historia ya nos la han contado muchas veces, y mejor.

Que esa relación sea el marco para que el film entregue una final con mucho suspenso, es –en parte- una elección desafortunada. Le quita el impacto moral que imponía el personaje de DiCaprio en pos de una resolución ramplona. Red de mentiras se revela como un film un tanto conservador, un entretenimiento que –por poco- pudo haber sido más que eso.

4.0

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