Juan Pablo Russo
04/11/2009 16:59

Inquietante drama, sereno e intenso, sobre la esquizofrenia. Spider es sin duda una obra de madura, alejada del gusto por la carne que ha cultivado el director canadiense a lo largo de su filmografía.

Spider

(2002)

Quizás lo más destacable, lo más punzante y perturbador de Spider, es su intención de retratar la locura desde su propia perspectiva. De manera que, como también ocurría en Videodrome, la frontera entre aquello que es real y aquello que es producto de la mente se va emborronando poco a poco.

Las piezas del rompecabezas parecen ir casando a medida que la película avanza, la tela de araña parece ir tejiéndose, para acabar resultando una trampa, un laberinto en el que no sabes qué pasillo es real y qué salida es simplemente una ilusión. Y es que la metáfora del entramado, de la telaraña, está presente en todo el filme.

Desde el estrambótico edificio enclavado enfrente de la casa que visita el esquizofrénico protagonista interpretado por Ralph Fiennes hasta la telaraña de hilo que teje en la habitación, pasando por el cristal roto al que le falta una pieza por encajar.

Mediante las metáforas visuales que inundan Spider y las exquisitas composiciones de la que goza la película, Cronenberg se apodera del tempo, creando un crescendo sutil pero intenso. Intensidad que se traslada a la contención de la historia y a las tremendas interpretaciones de los actores.

Así, a un Ralph Fiennes que borda el papel del vouyeur, paranoico y aniñado; lo acompañan un Gabriel Byrne con aplomo y presencia, y sobretodo una Miranda Richardson que con sus interpretación de tres papeles en uno logra sumergir al espectador en el caos de realidad y ficción que propone Cronenberg.

10

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