Emiliano Basile
27/10/2009 14:26

Eduardo López (Leonardo Sbaraglia) corre. Corre porque es presionado por su jefe, por su mujer y por un misterioso personaje interpretado por Miguel Ángel Solá, que nos recuerda a una miniserie de los 90, El garante, co-estelarizada por Lito Cruz y el mismísimo Leonardo Sbaraglia.

El corredor nocturno

(2009)

La historia es narrada a través de Eduardo López, quien no deja de ascender en la compañía de seguros en la que trabaja. El tema es que asciende también su nivel de stress producto del sistema corporativo en el cual se encuentra inmerso. Como escape, corre por las noches. Un buen día se presenta ante él un siniestro personaje llamado Conti (Miguel Ángel Solá) que viene a traerle la solución a sus problemas. O no.

Basada en la novela homónima del uruguayo Hugo Burel y dirigida por el español Gerardo Herrero, esta coproducción argentino española, vuelve a juntar a dos grandes actores argentinos en la pantalla –ya habían actuado juntos en La puta y la ballena (2004) de Luis Puenzo- así como también nos trae una trama de suspenso que atrapa al espectador desde el primer minuto.

El misterio se crea a través del personaje de Miguel Ángel Solá, interpretado con soberbia por el actor de Bruno Sierra -otra miniserie- midiendo sus gestos y palabras a tal punto que logra atemorizar con su sola mirada. El costo de vida empresarial es encarnado en este personaje, que viene a representar la ética y moral capitalista, única vigente -parece decirnos el film- de este mundo corporativo.

La película nos recuerda, en el juego que propone al espectador, a El Abogado del Diablo (The Devil’s advocate, 1997) o a El club de la pelea (Fight club, 1999), accediendo a la información a partir del personaje protagonista y, a medida que este la recibe, nos vamos percatando de los hechos y sufriendo las vivencias del mismo.

Quizás, la película carezca del ritmo frenético que tienen los thriller hollywoodenses, pero que este tipo de producciones se realicen mediante una coproducción hispanohablante es un hecho por demás celebrable. Este tipo de relatos fomenta el buen momento del cine nacional, técnicamente cuidado y temáticamente arriesgado. Y siempre, dentro de los géneros. Algo que desde la televisión se viene impulsando y finalmente los productores toman el riesgo de llevarlo a la pantalla grande. Bienvenido sea.

8.0

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