Juan Pablo Russo
26/10/2009 15:35

Gus Van Sant se apoya en grabaciones reales para reconstruir entre la ficción y el documental la vida de Harvey Milk, político gay norteamericano,  que hasta hoy fue casi ilustre desconocido para las masas del mundo.

Milk

(2008)

El director Gus Van Sant diseña  un boceto sobre la historia política de los Estados Unidos, presentándonos  un claro ejemplo de progreso y modernidad democrática que desde su creación, ha estado marcada por idealistas y visionarios que, a pesar de haber hecho avanzar socialmente a su país como a ningún otro, terminaron salvajemente asesinados por sus propios conciudadanos. Este factor perdurable en la leyenda negra norteamericana se hace evidente en Milk,subrayando la dicotomía de como el país “más avanzado del mundo”, tiene en ocasiones un terror abismal al cambio y a lo diferente.

Para su desgracia, la democracia estadounidense ha surgido en ocasiones bañada por la sangre de abnegados que perecieron en la defensa de causas nobles, pero muy impopulares en su época. A los, Kennedy o Luther King,  se les podría unir sin reparos Harvey Milk, un malogrado político californiano que aún a precio de su propia vida, luchó con inteligencia y perseverancia en defensa de los derechos homosexuales; y que Van Sant reconstruye con una coherencia estilística muy pocas veces en las biopic, evitando así, manipular los hechos acontecidos.

Alejado del minimalismo de sus últimos filmes, (Elephant, Paranoid Park) Van Sant crea, desde lo narrativo de la historia, un  retrato verosímil, sensible y conmovedor de este carismático e idealista político al que interpreta de manera convincente un intuitivo Sean Penn (nominado al Oscar a mejor actor). Las aclamaciones al actor, una vez más, son del todo merecidas, pero no es este el único intérprete en estado puro dentro de esta Milk. James Franco, Diego Luna y Josh Brolin parecen haberse contagiado de la versatilidad  de Penn, protagonizando un continuo fluir de talento en el que el mayor recompensado es el público.

Milk esta narrada a partir de un flashback, que desde primer momento nos hará conocer el trágico final, para retomar desde este punto iniciàtico los últimos 10 años de vida de Harvey Milk. Con una puesta en escena en la que se destacan los primeros planos y los planos detalles sobre el énfasis de las secuencias, se nos ofrecerán también, imágenes documentales (falsas y reales) que filmadas con  cámara en mano lograran proveer de un mayor realismo  al verdadero sentido de la historia. Ficción y realidad se entrecruzan de manera casi constante.

Milk es, a pesar de algunos perdonables excesos melodramáticos,  un gran thriller político y un nuevo alegato a favor de la igualdad de los derechos de todos los ciudadanos que conviven en una democracia. Y una demostración más de que la libertad, como el agua, siempre encuentra un camino por muy altas que sean las barreras. Un  Gus Van Sant que sin traicionarse a si mismo construye un film capaz de ganar un Oscar.

8.0

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