Juan Pablo Russo
25/09/2009 00:18

Un elenco multiestelar, un guión que cuenta con la firma de Roberto Fontanarrosa y un director que ya había demostrado dotes de su talento con su ópera prima Rosarigasinos (2000), se unen para brindar una película costumbrista, con un estilo narrativo clásico y una excelente dirección de actores. Cuestión de principios viene a reafirmar el gran momento que vive el cine argentino, no cabiendo la menor duda de que cuenta con todos los ingredientes para pelear por un puesto entre los éxitos del año.

Cuestión de principios

(2009)

Silva (Pablo Echarri) es un yuppie que llega de España para hacerse cargo de la gerencia de una sucursal de la empresa para la cual trabaja en la ciudad de Rosario. Castilla (Federico Luppi) es uno de los más antiguos empleados, es un hombre recto, caballero, algo apático. Este último es un hombre de principios, con una hija de la que se encuentra distanciado, un hijo rugbier y una esposa complaciente (Norma Aleandro). El conflicto se desatará cuando Castilla descubra que Silva colecciona unas antiquísimas revistas españolas de las cuales sólo le falta un número. Número que por casualidad Castilla tiene en su poder y que por una “cuestión de principios” no le querrá vender.

El film de Rodrigo Grande crea a partir de un hecho fortuito un conflicto en el que se ven involucrados diferentes elementos que ponen en peligro la condición humana. La ética, el abuso de poder, la especulación, el dinero, la crisis familiar. El tenerlo todo y no tener nada. Son tópicos que el film toca de manera contundente y sin tapujos. Silva desea algo que no tiene y ese deseo lo llevará al límite de su moral, pero esa supuesta revista es una necesidad que servirá para llenar un vacío. Silva puede tener todo lo que con dinero se pueda comprar o al menos eso es lo que él cree, pero Castilla no se deja comprar y ahí es donde, como un juego de ajedrez ganará quien mueva la pieza correcta en el momento indicado.

La dirección actoral del film es, sin duda, uno de los elementos mejor desarrollados, junto al trío protagónico, del que no cabe la menor duda de que sus interpretaciones son tan concisas como creíbles, se destaca un elenco secundario encabezado por una de las revelaciones cinematográficas del año: la dúctil de María Carámbula -hablando en el típico tono rosarigasino- junto a un elenco de actores rosarinos que brillan ante la creación de cada uno de sus personajes. Interpretaciones de una credibilidad como muy pocas veces se puede apreciar en el cine.

Uno de los pocos desaciertos que el film posee es el de alargar la historia de una manera innecesaria, volviéndola algo reiterativa antes de la resolución del conflicto, pero que en el contexto que se presenta no resulta tediosa, aunque un corte en la trama le hubiera brindado mayor precisión en su conjunto. 

Cuestión de principios es, en síntesis, una gran película que mantiene una línea sin desbarrancos. Lineamientos que la convierten, sin la menor duda, en otro de los grandes estrenos argentinos del año. Un gran elenco en las manos de un director “grande”. Y no sólo de apellido, sino de talento.

8.0

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