Ezequiel Boetti
30/07/2009 15:18

Los varios aspectos que Fuerza G copia de Toy Story (1995) son sintomáticos de su incapacidad para crear un mundo propio y coherente con la historia que propone. Pero a diferencia de su antecesora, trastabilla con la piedra más grande en el camino hacia una buena comedia infantil: no hace reír.

Fuerza-G

(2009)


El primer largometraje como director de Hoyt Yeatman, parte del equipo de efectos visuales de Armaggedon (1996), entre otras, cuenta la historia de un grupo de investigación conformado por roedores que descubren los ambiciosos planes de un empresario (Bill Nighy) para destruir el planeta. Los pequeños animales tienen sólo algunas horas para evitar que los electrodomésticos de su factoría cobren vida y destruyan todo lo que se interponga ante ellos.

Quince años atrás, Toy Story no sólo marcó un cambio en el paradigma técnico y visual con la digitalización de la animación, sino que su temática universal y portadora de un brío de frescura renovó la tendencia de las películas infantiles acostumbradas a minimizar la capacidad de discernimiento e inteligencia de los pequeños espectadores. Las escenas calcadas y personajes similares de Fuerza G son una lamentable muestra de lo alejado que Disney, ya escindida de su hijo pródigo Pixar, está de aquel logro.

Mientras que el malvado desarmador de muñecos vecino de Andy inspiraba auténtico terror y respeto por su patología destructiva, su enfermizo fanatismo hacia el daño como diversión y entretenimiento, y su perturbador cinismo para la maldad (recordar que no distinguía entre objetos propios y de su hermana); aquí el púber que compra a nuestros héroes en la tienda de mascotas es incapaz de generar un mínimo atisbo de algún sentimiento parecido al miedo. Cuando arroja a uno de ellos en la pecera de la víbora es más una muestra de la puerilidad e inmadurez propias de su edad que un acto viciado de crueldad.

Es a partir de esa falencia que el pequeño equilibrio entre liviandad y subestimación se rompe y comienzan las acumulaciones de moralejas subrayadas y obvias sobre la amistad y el compañerismo. Poco importa la sensación de déjà vu que genera ver un vehículo recorriendo las calles con los protagonistas a cuestas (Buzz y Woody supieron hacerlo con mayor adrenalina y tensión en un autito a control remoto). A esta altura, sólo queda esperar el reestreno en 3D del film de John Lasseter. ¿Falta mucho para febrero?

4.0

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