Ezequiel Obregón
19/07/2009 01:29

La ópera prima de Inés Braun mantiene intacto el esquema dramático de la obra de Arthur Schnitzler, de la que también toma el título.  Aquí conocida como El cuarto azul, la pieza reúne relatos compuestos por dos personajes.  Uno de los personajes abandona al otro, y luego éste es abandonado, y así sucesivamente, hasta que el primero en ser abandonado se enlaza amorosamente con el último en abandonar.

La Ronda

(2008)

Mientras que la obra reflexiona sobre el amor como mercancía y como denuncia sobre los estereotipos de la modernidad, la película se centra en las vicisitudes amorosas de un puñado de personajes de distintos estratos de la clase media: una suerte de mapa coral, sentimental y porteño.

El film comienza con un plano que enmarca un bar de San Telmo.  La postal (a la que no renuncia en casi todo el metraje) es bien porteña, pero la realizadora no cae en ningún tipo de costumbrismo que esteriotipe a los personajes.  Más bien lo contrario: cada secuencia los presenta de manera sutil, y las situaciones en las que se conocen dan cuenta de cómo sienten y qué necesidades los invaden.  Un ejemplo de esta precisión en la puesta es el plano secuencia que muestra alternativamente el almuerzo entre un agente inmobiliario (Fernán Mirás) y su solitaria clienta (Mercedes Morán) y una pareja cercana a la mesa en la que están sentados.  Cada pasaje de una mesa a la otra significa un salto temporal cualitativamente mayor al tiempo del pasaje real (el que puede medir el espectador con su reloj).  Mediante este recurso Braun contrasta el juego sentimental que inician los primeros con la relación perturbadora que mantienen los segundos.  La toma es cadente, concisa en términos de información, y –como todo el film- es acompañada por una banda sonora impecable.

Otro acierto es el casting: transitan esta ronda la eterna enamorada que compone con encanto Sofía Gala Castiglione, el personaje snob de Leonora Balcarce, el bonachón pintor de brocha gorda que encarna Rafael Spregelburd, el cineasta alla nuevo cine argentino de Walter Jakob y los ya nombrados Mirás y Morán.  Sus composiciones resultan convincentes, y logran el difícil equilibrio de que todos los relatos no decaigan en términos dramáticos, sino que sumen a la totalidad del film.

La película muestra personajes-prototipos, pero no por eso deja de aportar una mirada enternecedora sobre ellos.  Sin ponerse “demasiado arriba” de sus personajes, la directora construye situaciones en las que pueden desarrollarse lo suficiente como para que el espectador comience a quererlos.  Un caso apreciable el personaje del pintor, cuyo desliz amoroso será responsable de más de un lamento en la platea, y servirá como una reflexión sobre los prejuicios en torno a la conformación de las parejas.

Finalmente, La ronda es la síntesis de una dirección personal con un cine pensado en términos industriales.  Una bienvenida a la comedia sentimental urbana, efectiva en muchos films americanos, pero con no tan buenos exponentes locales.

8.0

Comentarios