Emiliano Basile
10/07/2009 16:55

Entre el Ballet y el cine, pasando por la pintura y la escultura, Aniceto (2008) es la última película de Leonardo Favio que demuestra una vez mas, ser un creador como pocos, explotando el lenguaje cinematográfico en todas sus posibilidades para dar con esta nueva concepción de obra difícil de encasillar en un género.

Aniceto

(2008)

La historia es retomada de aquel film de 1966 llamado Éste es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más... y está basada en el cuento “El cenizo” de Zuhair Jury. Aniceto, es un gallero de pueblo que conoce a la Francisca, una chica dulce e inocente a la que lleva a vivir a su rancho, hasta que un día conoce a la Lucía y comienza su tragedia. Si aquella película construía una idea de realismo mágico, aquí está priorizado el artificio como eje donde se entrecruzaran las demás artes.

Ya en una de las primeras escenas vemos un auto Fiat 600 viajar rodeado de humo sobre un fondo de escenografía, es la introducción a la representación que nos hace Favio (es su voz la que nos adentra en el relato), a ese mundo mágico donde los diálogos se mezclan con danzas de ballet sin perder verosimilitud. Pero esa teatralidad de las coreografías, mas cercanas al teatro que al cine, se funden sin fisuras en la narración, narración cinematográfica pura, donde todo es contado a través de detalles y gestos, todo con imágenes tan sutiles como delicadas donde se expone la sensibilidad de Favio para retratar historias humanas.

Estéticamente la película hace juegos de luces y colores cercanos a pinturas del romanticismo y con una banda sonora compuesta por Iván Wyszogrod que ennoblece cada salto de ballet. En este aspecto, Aniceto es una clase maestra de cine; apelando a todos los recursos técnicos y artísticos, tanto de la imagen como del sonido, con una pasión desmesurada que eleva esa pequeña historia entre el Aniceto y la Francisca a un nivel de esplendor para los sentidos donde sólo hay que creer y disfrutar.

Dicen que los grandes films son los que nos elevan a otro universo, más cercano a los sueños, a las fantasías. Esta película nos sumerge en ese mundo, sólo posible en la cabeza de un hombre con la experiencia de un grande y la imaginación de un niño, cuya plenitud y lucidez sorprende cada día más. Y ese hombre es Leonardo Favio.

10

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