Ezequiel Obregón
03/07/2009 21:20

Este film mexicano con exitoso paso por festivales aborda una temática universal como la inseguridad. Transcurre en un country (a él alude el título) y en una villa. Datos significativos para la sensibilidad bonaerense y la actual cartelera porteña, que presenta un film radicalmente distinto a La zona pero que se desarrolla en un barrio privado: Una semana solos. Sólo que mientras la película de Celina Murga está construida desde la sutileza, la de Rodrigo Plá no logra eludir el trazo grueso.

La Zona

(2007)

Todo comienza con la caída de un cartel en medio de una tormenta, que produce el derrumbamiento de un inmenso muro: separación del mundo marginal y el mundo de los “privilegiados”. Un micro-sistema de confort y aparente felicidad que está allí nomás, a un paso de la miseria. En ese momento Miguel, un adolescente de los “no favorecidos”, ingresa a la zona con algunos más. Los mismos que terminarán ejecutando un robo y asesinando a una mujer para  luego  recibir unos cuantos tiros, destino que no correrá el adolescente, que quedará encerrado en esta suerte de gran hermano de la urbe mexicana.

Más tarde se recluirá en un sótano y recibirá la atención de Alejandro, quien lo irá protegiendo de una muerte previsible. De allí en adelante, Plá alterna la visión de los hechos de un lado y del otro, con una impecable puesta en escena que no consigue superar a un guión maniqueísta y plagado de puntos débiles. Problemas que se evidencian en la falta de ambigüedad en los personajes de ambos bandos, que recién aparece hacia el final y suena a corrección política. 

El director consigue retratar muy bien la autonomía de ambos sectores, en especial con planos generales que muestran la visibilidad del otro territorio sea cual fuere la perspectiva desde donde se produzca. La carencia de La zona radica apenas el director se ve obligado a reducir el campo de visión. Los diálogos suenan excesivamente calculados, como si el discurso necesitara prevalecer por sobre lo visual. 

Se trata de un cine político desde lo discursivo, pero pobre desde su relación con la imagen. Un cine que aborda problemáticas del tercer mundo pero con una concepción narrativa endeble. En sintonía con Slumdog millonaire y Babel intenta esbozar un estado de situación sobre los males más actuales, pero olvida que –como alguna vez dijo Godard- la elección de un tipo de toma presupone una elección política.

4.0

Comentarios