Juan Pablo Russo
21/05/2009 13:55

Como en Los Soñadores (Bernardo Bertolucci), Gustavo Postiglione presenta  un pantallazo de las revoluciones estudiantiles de finales de los años 60, pero a diferencia de la fallida película de Bertolucci, Días de Mayo hace foco en las relaciones humanas y la revolución social, por sobre el erotismo  y la revolución sexual que se manifestaban en la primera.

Días de Mayo

(2009)



Laura (Agustina Guirado) es una estudiante universitaria y aspirante a actriz, Pablo (Santiago Dejesús) es camarógrafo, fotógrafo free lance y aspirante a documentalista. En medio del “Rosariazo” de mayo del 69 ellos se encontraran y  vivirán una historia de amor intentando cambiar un mundo perdido por convicción.

Con un Rosario fotografiado en blanco y negro, otorgándole cierto registro “Nouvelle Vague”, Postiglione crea un reflejo intimista de la juventud de finales de los años 70 retratando una época dominada por las vanguardias, el arte y las revoluciones. Con escasos recursos estéticos pero determinantes a lo hora de manifestar el momento, la historia se construye a partir del uso de planos cerrados, sin grandes desplazamientos de cámaras, centrándose mayoritariamente en los diálogos por sobre la puesta en escena. El retrato intimista creado por cada uno de los personajes hace que estos sean  claros y concisos a la hora de trabajar los roles actorales, interpretados de manera naturalista y sin estereotipos.

Un elemento estético determinante  es la dirección de arte y vestuario  perteneciente a Guillermo Haddad y Ana Julia Manaker, un trabajo preciso, sin grandes pretensiones pero fiel a lo hora de dar indicios de la fecha precisa en la que ocurren los hechos.

Días de Mayo cuenta con canciones compuestas por Lito Nebbia quien además interpreta versiones regrabadas de clásicos de la época. Antonio Birabent cuyo personaje Dante es un cantante, también se da el gusto de interpretar una de las canciones compuestas especialmente para el film, asemejándose por momentos a la ya clásica Tango Feroz de Marcelo Pineyro.

Postiglione vuelve al cine, después de su fallida La Peli con una historia contundente, sin grandes pretensiones, dónde los personajes viven en un mundo que vira entre lo real y lo utópico. Una película minimalista donde la historia prima por sobre el relato cinematográfico. Lejana y cercana, banal y resignificante, poética y cursi. En fin… una película de acá y de allá.

6.0

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