Martín Badell
12/05/2009 17:23
El Código Da Vinci tiene secuela, y esta vez el Dr. Robert Langdon viene con mucha menos controversia y un film de suspenso mucho más entretenido.

Ángeles y Demonios

(2009)
Es que la primera entrega venía acompañada del boom editorial del best seller homónimo de Dan Brown y una tremenda publicidad surgida del polémico rol de la Iglesia Católica en la historia. En esta oportunidad, el personaje de Tom Hanks, con toda su erudición científica, es convocado por la Santa Sede para descubrir una terrible amenaza. Con un guión que se vale de elementos y sucesos de la actualidad, la historia tiene lugar durante un ficticio Cónclave vaticano, donde la antigua y siempre enigmática logia de los Illuminati decide destruir la sede de la fe católica, como venganza por los homicidios de algunos de sus miembros durante el medioevo. Con infinidad de referencias a imágenes, rituales e historias propias del catolicismo, la trama organiza el suspenso en torno a una serie de acertijos que llevan a un insospechado complot, amen de un recorrido turístico por varios sitios de Roma y el Vaticano. La ciencia y la mística religiosa parecen nuevamente chocar, y el protagonista y una bella doctora serán los encargados de resolver los enigmas y conciliar estas posturas en apariencia antagónicas. Como sucedió con El código da Vinci, la película está dirigida por Ron Howard, de quien hemos visto infinidad de películas taquilleras del ‘cine serio’ de Hollywood, como Frost/Nixon, Una mente brillante o Apollo 13, por citar algunos ejemplos. A él se suman dos guionistas también muy hollywoodenses: David Koepp (Jurassic Park, Spiderman, Misión imposible o la última entrega de Indiana Jones, entre otras) y Akiva Goldsman (Una mente brillante, Yo Robot, Soy leyenda o la primera, El código Da Vinci, entre otras). Y entre otros rubros, la música es de Hans Zimmer y la fotografía de Salvatore Totino. Todos ellos, pesos pesados de Hollywood. Lo mismo sucede con los papeles centrales, todos ellos a cargo de actores consagrados; tal es el caso de Ewan McGregor, Stellan Skargård y el veterano Armin Muller-Stahl. A este grupo se suma el rol femenino a cargo de la israelí devenida en italiana para la ficción, Ayelet Zurer, que no sólo encaja perfectamente en este certero producto de la industria del cine yankee, sino que cautiva con su exótica belleza. Por lo demás, el film no sólo cuenta con un guión hecho a medida, con vueltas y giros no siempre predecibles, sino que se vale de imponentes locaciones. Tomas panorámicas de multitudes en la Plaza San Pedro, como así también imágenes ostentosas de su Basílica y algunas de sus recamaras (muchas retocadas en forma digital) ayudan a construir la espectacularidad y verosimilitud de la historia. También la banda de sonido resulta efectiva a la hora de levantar el clima de constante intriga. Ahora que quizás lo más grandilocuente del film sean los 50 millones de dólares (más participación en las ganancias) que parece haber cobrado Hanks por interpretar nuevamente al Dr. Langdon. Pero ya sea porque no se generó tanta expectativa o porque el guión (supervisado por el propio Dan Brown) esté más aceitado, el film atrapa, sin exagerar, mucho más que la primera entrega.
6.0

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