Ezequiel Obregón
04/05/2009 20:40

El film de Gonzalo Calzada tiene una interesante aproximación al mundo de la soledad femenina, con puntos altos y bajos. Presenta un tratamiento inédito de la ciudad en el contexto nocturno, a través del cual deja entrever una serie de problemáticas sociales que rodean la vida de Luisa, interpretada con convicción por Leonor Manso.

Luisa

(2008)

Ella es una amarga mujer de alrededor de 60 años que transcurre sus días entre la medianía de un trabajo como recepcionista de un cementerio privado y la labor como colaboradora de una estrella de antaño, cuyos delirios de grandeza abruman (Ethel Rojo). La propuesta de Gonzalo Calzada comienza siendo pertinente respecto a la figura de esta triste mujer.

El tono abúlico que recorre los primeros minutos del film, la selección de colores opacos que esbozan un ambiente lúgubre, y la forma expresionista con la que define los espacios abiertos, operan como una extensión de la existencia desencantada de la protagonista. La muerte de su gato Tino, única compañía, desencadena el conflicto. Es, en definitiva, un eje de resonancia de otro conflicto relacionado con la pérdida familiar, al que se le suma la inminente falta de trabajo. Hasta la primera media hora de la película el director construye un relato en el cual los silencios y los gestos aportan una economía de información muy acorde a la propuesta inicial.

El problema es cuando la obra se torna en exceso dialógica y los personajes secundarios comienzan a aparecer de forma reiterada. El contacto de Luisa con un ciruja (el recientemente fallecido Jean Pierre Reguerraz) es tal vez el apartado más eminentemente social del film. También el más obvio. Por el contrario, en los momentos en los que Luisa demuestra su soledad –valga la redundancia – a solas, cuando sus incertidumbres son transmitidas en sus soliloquios, en sus silencios, en la forma en la que es capturada (incluso con humor negro) en el subte como recién llegada al mundo de los que piden limosna, allí el film fluye. Y entones queda bien claro por qué Leonor Manso se merece un film titulado con nombre propio.

6.0

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