Una Aproximación Histórica y Cinematográfica Camino al Bicentenario
Esta breve antología cinematográfica, resulta ser una simple aproximación a las diferentes imágenes audiovisuales que otorgó el cine argentino acerca de la revolución de mayo y la historia argentina.
Podría decirse que todo empezó en 1909 con La Revolución de Mayo de Mario Gallo, considerada la primera película de ficción nacional y de la que el pasado 22 de mayo se conmemoró los 100 años de su estreno. Gallo produjo films referentes a la historia argentina que dominaban en aquel período histórico como parte de la conmemoración del centenario de la revolución de mayo. Alguno de sus filmes fueron: Güemes y sus gauchos (1909), La creación del Himno (1910), La batalla de San Lorenzo (1912) y La batalla de Maipú (1912), pero también, fiel a sus orígenes, realizó una versión de Caballería Rusticana en 1919.
En sus películas participaron como actores los prestigiosos Blanca, Pablo y Arturo Podestá, Alberto Ballerini, Enrique de Rosas, Enrique Muiño y el siciliano Giovanni Grasso; y como guionistas Vicente Martínez Cuitiño, José González Castillo, Joaquín de Vedia y Belisario Roldán, respetados dramaturgos.
Pasada la década del 30 y ya con el cine sonoro dominando el espacio, el cine comenzó a hacer referencias temáticas a la construcción nacional. Este periodo emblemático fue dominado por películas como Viento Norte (1937, Mario Soffici), Huella (1940, Moglia Barth), Prisioneros de la Tierra (1939, Mario Soffci), Frontera Sur (1943, García Villar), Pampa Bárbara (1945, Lucas Demare), El Tambor de Tacuarí (1948, Carlos Borcosque), Los Isleros (1953, Lucas Demare), Las Aguas bajan Turbias (1952, Hugo Del Carril), El Último Perro (1956, Lucas Demare) , aunque es La Guerra Gaucha (1942, Lucas Demare) la que se considera la película emblemática de la época.
Tanto la génesis de la película como su contenido se encuentran vinculados con el particular momento histórico de Argentina en el que había un intenso debate sobre si el país debía pronunciarse en favor de uno de los bandos o mantener su neutralidad en relación a la Segunda Guerra Mundial que se encontraba en pleno desarrollo.
Ya transcurridos los años 50 y comienzos del 70 el cine argentino comienza a realizar una mirada crítica sobre el pasado, es en este momento cuando surgen films como Un Guapo del 900 (1960, Leopoldo Torre Nilsson), El Hombre de la Esquina Rosada (1962, René Mugica), Operación Masacre (1972, Jorge Cedrón) Crónica de un niño solo (1964, Leonardo Favio) o Los Traidores (1973, Raymundo Glayzer) que toman no solo una posición estética sino ideológica frente a los hechos históricos que acontecieron al país en los último años.
Pero es entre 1968 y 1976 que se producen más de diez películas de tema nacional ambientadas en el siglo XIX con un claro y preciso objetivo reivindicar a los héroes patrios. Con directores tan disimiles como Leopoldo Torres Nilsson (El santo de la espada, 1970) o Fernando Solanas con su versión de Los hijos de Fierro (1975) de José Hernández. Se destaca en este periodo un joven Leonardo Favio y con su construcción acerca del personaje de Juan Moreira (1973), una historia acerca de heroización vinculada con la historia de los medios masivos en la Argentina, lo cual la vuelve una de las películas más interesantes de una época signada por los silencios y la censura.
Juan Moreira es una representación del pueblo totalmente diferente a la del cine de autor y a la de cine político. Ni la mirada distanciada y fría de quien se siente perturbado por la aparición de las masas en la pantalla (como era habitual en el cine de Torre Nilsson, Manuel Antín, David Kohon) ni la mirada ideológica de un cine que quería hacerse junto al pueblo. La película fue un éxito de taquilla y su recepción, a diferencia de La hora de los hornos (1968), no estuvo signada necesariamente por la política: los spots publicitarios se pasaban con gran aceptación por la televisión (algo impensable para los films políticos, casi todos clandestinos) y hasta la música de Luis María Serra se escuchaba continuamente por la radio (varias parejas de novios la utilizaron para musicalizar su entrada en el atrio). Ir a ver Juan Moreira era como asistir a un western pero nacional.
El cine siguió repasando la historia argentina de acuerdo a la época que le tocó atravesar, fue así como en los 80 las dictaduras militares fueron el reflejo de una historia cercana que el cine se empeñaba en recordar. La historia oficial (1985, Luis Puenzo) o La noche de los lápices (1986, Héctor Olivera) se contraponen con la estética que años más tarde impusieron directores como Albertina Carri (Los Rubios, 2003), Adrián Caetano (Crónica de una fuga, 2006) o Marco Bechis (Garage Olimpo, 1999) para tratar un mismo tema: los desaparecidos.
La cinematografía como todo elemento artístico dio una aproximación a las diferentes imágenes audiovisuales acerca de la historia nacional: héroes, mitos, personajes, mártires o simples personas; que hoy, comenzando el bicentenario de la Revolución de Mayo, queremos recordar.
Por Juan Pablo Russo y
Emiliano Basile

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