Matías E. González
27/06/2020 16:43

Hay una espeluznante cueva situada en el bosque que rodea la ciudad de Winden que despierta curiosidad e interés tanto en los personajes protagónicos de la serie Dark (2017-2020) como en los espectadores que siguen la historia desde sus hogares. Es que, al cruzar la misteriosa caverna, los habitantes se trasladan a diferentes puntos en el tiempo y toman decisiones que generan inesperadas repercusiones en sus vidas. En el marco del estreno de la tercera temporada de la ficción audiovisual en Netflix, EscribiendoCine conversó con el guionista y director Mariano Hueter acerca de las singularidades de la serie alemana, con el doctor en Física Gustavo E. Romero respecto a la posibilidad de viajar hacia el pasado y hacia el futuro y con la Doctora en Filosofía Florencia Abadi sobre las diferentes concepciones del tiempo.

Looper-Asesinos del futuro

(2012)

UN CÍRCULO SIN PRINCIPIO NI FINAL

“La distinción entre pasado, presente y futuro no es más que una ilusión. El ayer, el hoy y el mañana no son consecutivos, están conectados en un círculo sin principio ni final”. Con esta breve explicación una voz en off da la bienvenida a los espectadores de la serie Dark y los invita a ser partícipes de una historia en la que la cuestión central no es dónde ocurren los hechos, ni cómo se desarrollan, tampoco quiénes están involucrados, sino cuándo suceden los acontecimientos. La desaparición de un niño en el pueblo de Winden es el disparador de una búsqueda que trasciende los límites temporales.

La ficción alemana original de Netflix, creada por Baran bo Odar y Jantje Friese, consta de tres temporadas que fusionan el drama y la ciencia ficción. A lo largo de los capítulos los nexos entre los integrantes de las familias protagónicas se multiplican, al igual que ocurre con las ramas del árbol genealógico y los períodos históricos en los que transcurren los diferentes hechos, que van desde el año 1921 al 2053. Si bien el público sigue las acciones, sensaciones y pensamientos de diversos personajes, una figura clave es la de Jonas (Louis Hofmann), un viajero del tiempo que lentamente toma consciencia de la importancia de su papel respecto al curso general de los acontecimientos.

LAS PIEZAS DEL ROMPECABEZAS

Las relaciones entre hechos, personas, espacio y tiempo aportan complejidad a la serie y, al mismo tiempo, cautivan a los espectadores, quienes observan de forma minuciosa cada detalle de la trama. De hecho, Dark no solo ha sido elogiada por la crítica especializada sino que, además, fue elegida por el público como la mejor serie original de Netflix a través de las encuestas realizadas en la cuenta de Twitter de la plataforma y en el sitio Rotten Tomatoes.

El director, guionista y productor Mariano Hueter (El Mundo de Mateo, Inconvivencia) destacó la complejidad de la trama, los recursos narrativos utilizados, las actuaciones y la estética que conforman la ficción audiovisual. El fenómeno que genera Dark le recordó a los comienzos de Lost (2004), cuando los hechos de la serie eran intensamente debatidos por los televidentes, ya que en cada capítulo se planteaban múltiples interrogantes, lo que permitía generar diferentes hipótesis e interpretar de distintas maneras las respuestas.

“En Dark la ciencia ficción funciona como un elemento más que está flotando de manera casi imperceptible en un mundo súper realista y trabajado de manera naturalista. Ese contraste de construir un verosímil donde nosotros sabemos que lo que sucede es parte de un relato ficcional pero que podría llegar a pasar, o que podríamos fantasear con la remota posibilidad de que eso suceda, es la clave de la serie”, manifestó Hueter y, luego, agregó: “En ese mundo el verosímil hay que cuidarlo muchísimo más porque no estás en otro con reglas nuevas como ocurre en Game of Thrones, Harry Potter o El señor de los anillos, sino que estás en el nuestro con algunos elementos fantásticos que hacen que la historia sea particular. Ya establecidas esas pautas se trata de personajes, situaciones y emociones reales y universales, que hacen súper interesante a la serie”.

Tanto la literatura como el cine y la televisión han presentado historias en las que es posible viajar en el tiempo, como son los casos de la novela El anacronópete (1887) escrita por Enrique Gaspar y Rimbau, la obra literaria La máquina del tiempo (1895) de Herbert George Wells y sus adaptaciones en la pantalla grande, la saga Volver al futuro (Back to the Future, 1985-1990), dirigida por Robert Zemeckis y el film Looper-Asesinos del futuro (Looper, 2012), a cargo de Rian Johnson. “Los viajes en el tiempo son fascinantes y, pensándolo como guionista y director, me parecen una razón para abrir universos narrativos más interesantes y tocar temáticas universales, que nos atraviesan a todos, esto de qué hubiese pasado o cómo sería tal cosa si modifico algo en el trayecto de la historia”, señaló Mariano.

Por otro lado, Hueter describió los retos de hacer una serie como Dark: “Obviamente son un montón. El nivel de complejidad que el público percibe cuando ve la ficción se multiplica infinitamente detrás de cámara. Como espectadores vemos el resultado final con todo ya armado, pero previamente los creadores pensaron todas las variables y probabilidades, pusieron y sacaron cosas, con la incertidumbre de no saber si Dark iba a ser un producto de tres temporadas o no. No me sorprende que sea lo que es viniendo de la mano de gente que, para mí, es parte de la nueva generación de creadores de contenidos, que piensan el formato de la serie como un lugar para explorar grandes historias contadas episódicamente y en temporadas”.

VIAJES A TRAVÉS DEL TIEMPO

¿Qué es el tiempo? Una de las tantas preguntas que se hace cada persona en algún momento de su vida. El Doctor en Física e Investigador Superior del CONICET Gustavo E. Romero explicó que, desde el punto de vista de la Física, hay una entidad denominada espacio-tiempo que se extiende por cuatro dimensiones (tres espaciales y una temporal) y que interactúa con diferentes campos, cuyas acciones pueden ir modificándose mutuamente. Si se toma como ejemplo el cuerpo de una persona, las dimensiones espaciales se considerarán a partir de su altura, ancho y longitud, mientras que, la dimensión temporal irá desde su nacimiento (límite inferior) hasta su muerte (límite superior).

Respecto a la posibilidad de trasladarse en el tiempo, Romero aclaró: “Hay que diferenciar dos cuestiones, por un lado, si es físicamente posible, es decir, si las leyes de la Física lo permiten y, por otro lado, si es técnicamente factible para una sociedad arbitrariamente avanzada poder construir los medios para hacerlo realidad”. Asimismo, planteó: “La simultaneidad de eventos es relativa, por lo tanto, personas, aparatos de medidas o sistemas físicos en distintos estados del movimiento van a detectar que los hechos no necesariamente son simultáneos para todos”.

En cuanto a los desplazamientos hacia el futuro, el Doctor en Física expuso que si alguien contara con una tecnología que le permitiese desarrollar velocidades suficientemente altas podría dirigirse hacia “su futuro”. Para ejemplificar el fenómeno propuso pensar en dos relojes atómicos originalmente sincronizados en un laboratorio, a uno de ellos se lo sube a un avión que da una vuelta al mundo a una velocidad de 1.000 km por hora, que es la estándar de un avión no supersónico y, cuando los relojes se juntan nuevamente ya no están sincronizados, aunque la diferencia de tiempo es pequeña porque la velocidad fue muy baja. Al incrementarse la rapidez, sin embargo, la desigualdad sería más notoria. “Otro ejemplo es cuando un astronauta pasa un año en la Estación Espacial Internacional, ya que al volver a la Tierra gana una fracción de segundos respecto a los que nos quedamos en el planeta. En el fondo es un viajero en el tiempo: viaja un pequeño lapso al futuro”, describió.

Por otro lado, para referirse a las probabilidades de realizar viajes hacia el pasado Romero mencionó al físico Kip Thorne y sus alumnos Mike Morris y Ulvi Yurtsever, ya que ellos descubrieron una solución a las ecuaciones de Albert Einstein y se centraron en lo que hoy se conoce como agujeros de gusano, que deben diferenciarse de los agujeros negros. Estos últimos son superficies del espacio-tiempo tales que si alguien las cruza no puede salir nunca más: en su interior la gravedad es tan intensa que no permite escapatoria alguna. En cambio Kip Thorne descubrió que los agujeros de gusano son atravesables y, en caso de cumplirse ciertas condiciones específicas, alguien podría ingresar en un punto del espacio-tiempo y salir en otro, es decir, se desplazaría hacia “su pasado”.

“La topología son las características más globales de una superficie o de un objeto geométrico. Una topología simple es, por ejemplo, la superficie de una mesa, pero si uno le hace un agujero, la topología ya no es simple y admite un túnel que permite ir al otro lado de la mesa. En forma similar, a partir de una distribución de materia muy particular en la estructura del espacio-tiempo se puede formar un agujero de gusano y así producirse una transformación de una topología simple en una múltiplemente conexa”, señaló el especialista y, luego, añadió: “Las condiciones necesarias son extremas, entre ellas, tiene que haber repulsión gravitacional, como ocurre a gran escala con la constante cosmológica. La gravitación a la que nosotros estamos acostumbrados es una fuerza atractiva, es decir, la Tierra nos atrae hacia su centro entonces 'nunca nos vamos a ir para arriba'. Si existiese una constante cosmológica que actuase a escalas mucho más chicas que las de todo el universo, en principio, podría suceder una situación como la de los agujeros de gusano”.

La idea del aparato ficticio del científico viajero del tiempo de H.G. Wells (interpretado por Rod Taylor) en el film La máquina del tiempo (The Time Machine, 1960) permanece en el imaginario popular. Ante la consulta de si este tipo de creaciones y funciones podrían concretarse en algún momento, Romero respondió que un viaje temporal en ese objeto no sería posible. “Si uno tiene una máquina que está quieta en el espacio, al ir hacia atrás en el tiempo, chocaría inmediatamente consigo mismo, ya que en el instante anterior ocupaba ese mismo lugar. Siempre viajar en el tiempo requiere también moverse en el espacio, por eso es espacio-tiempo. Además, las cantidades de energías involucradas son mucho más grandes que las que pueden manipularse por un objeto como ese. Mantener abierto un agujero de gusano de tres metros de diámetro, como para que pueda pasar una persona cómoda, necesita una cantidad de esta materia con propiedades gravitacionales repulsivas del orden de la masa del Sol”.

EL TIEMPO NO PARA

Desde la Filosofía no hay una visión única respecto a qué es el tiempo, por lo que depende de la concepción de cada filósofo. Por esta razón, la Doctora en Filosofía e Investigadora del CONICET Florencia Abadi realizó un recorrido por los principales aportes de los pensadores occidentales Aristóteles, San Agustín, Immanuel Kant y Walter Benjamin en torno a esta cuestión.

Por medio de su libro Física Aristóteles planteó que el pasado refiere a aquello que ya no está y el futuro a lo que no existe, por lo que el presente es una especie de punto intermedio sin espesor. Para el sabio griego el tiempo es el número del movimiento de acuerdo al antes y al después, por ende, para que haya tiempo debe haber movimiento en el espacio. Por otra parte, San Agustín, cuyas ideas se vinculan con la teología, incorporó la dimensión afectiva a la cuestión y postuló que el alma vive en un presente, entonces, hay un presente del pasado que es la memoria, un presente del presente que es la percepción y un presente del futuro que es la expectativa/esperanza.

Kant expuso que el tiempo es algo que pone el sujeto trascendental, que no es el empírico, y esto puede interpretarse con el símil de unos anteojos violetas: si la persona se pusiese dicho objeto podría ver todo de ese color. Una explicación de su teoría compara al tiempo con el uso de esos anteojos, lo que significa que una persona ve todo atravesado por la temporalidad y la proyecta como lineal, vacía y cronológica. Por último, en Benjamin el tiempo tiene un fuerte sentido político y surge la idea de que hay un pasado inconcluso, que tiene que ver con que las injusticias que se produjeron en el ayer reclaman al presente ser redimidas así como las utopías que no fueron cumplidas buscan ser consumadas. Por lo tanto, el pasado no es solo eso que ocurrió y no está más, sino que aparece en esas intenciones, deseos y frustraciones anteriores que siguen en el presente.

“Suele hacerse una distinción entre el tiempo cronológico y el tiempo de la oportunidad. En el primer caso, pensemos que cronos es Saturno, el Dios que devoraba a sus hijos, por lo que se refiere a la idea de este tiempo que nos devora, que es lineal, vacío y homogéneo, esa línea donde nosotros nos situamos y creemos que existen las dimensiones pasado-presente-futuro. La otra manera de pensar la temporalidad tiene que ver con el kairós, que representa al tiempo de la oportunidad, en el que este instante no es igual a otro y la oportunidad que nos da es su unicidad, no se puede meter en una línea cronológica. En gran parte de la Filosofía contemporánea, el instante es entendido como algo que rompe el continuum de la Historia”, explicó Abadi.

La medición del tiempo ha inquietado a diversas sociedades a lo largo de la Historia. En cuanto a esta preocupación, la Doctora en Filosofía manifestó: “Por un lado ocurre porque nos tenemos que comunicar y encontrar. Estrictamente hablando uno podría decir que el tiempo es subjetivo, cuando se nos pasa 'más rápido' o 'más lento'. Más allá de esa subjetividad que uno podría establecer como puramente personal hay una dimensión nuestra que no es individual, que tiene que ver con los ciclos y se relaciona con la construcción de nuestros ritos sociales, de lo comunitario. Asimismo, hay elementos como los astros y el calendario que nos ayudan a dar algún tipo de objetividad a esa necesidad”.

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