Emiliano Basile
19/03/2020 14:31

“No es una película de Hitchcock” aseguraba el mismo director de Rebeca, una mujer inolvidable (Rebecca, 1940) a un joven admirador François Truffaut en el famoso libro de entrevistas El cine según Hitchcock. Era la primera vez que el director inglés pisaba suelo americano para dirigir una película producida por David O. Selznick, quien venía de hacer Lo que el viento se llevó (Gone with the wind, 1939).

Rebeca, una mujer inolvidable

(1940)

“Le falta sentido del humor” reafirma un crítico Alfred Hitchcock sobre su obra, uno de los clásicos de la historia del cine a esta altura que se llevó el Oscar a mejor película y meor fotografía. El director de Vértigo (1958) llega a Estados Unidos con el fin de filmar Titanic pero el productor le cambia el proyecto en el camino. Hitchcock accede, porque estaba interesado en la novela de Daphne Du Maurier pero su costo “era demasiado elevado para mí”.

Alfred Hitchcock hace ese tipo de película que le encargan a los directores extranjeros en Hollywood para ponerlos a prueba, una novela histórica (transcurre en el Siglo XIX), maneja los recursos del melodrama en general -aunque se las ingenia para imprimirle su cuota de suspenso- y debe manejar un gran reparto (Laurence Olivier, Joan Fontaine, George Sanders) y un gran presupuesto para la época. El maestro del suspenso no solo sale bien parado sino que demuestra su manejo de la puesta en escena y el misterio en un relato que se torna escalofriante con el correr de los minutos.

Una dama de compañía (Fontaine) se casa con un Lord (Olivier) atormentado por el recuerdo de su primera esposa fallecida en extrañas circunstancias. La idea del doble se presenta con la fuerza de la ausencia. Es que al igual que sucede en Vértigo, será la figura del fantasma la que articula el relato presionando de manera obsesiva y angustiante a la protagonista. A diferencia del film con James Stewart, aquí la protagonista es la mujer que debe adoptar con velocidad el rol de la difunta, una señora aristocrática que se maneje como pez en el agua en esa inmensa y tenebrosa mansión llamada Manderlay bajo el mando de la asexuada Sra. Danvers (Judith Anderson), ama de llaves que le hará la vida imposible a la joven esposa.

Ventanas con personajes fantasma “la heroína no sabía jamás donde estaba la señora Danvers y de esta manera resultaba más terrorífico”, lugares misteriosos “se puede decir también que la casa es uno de los tres personajes principales del film”, verdades reveladas y sentimientos temerarios ocultos en los personajes cargados de culpa, son cualidades de la obra de Alfred Hitchcock quien, con la cámara autónoma ocupa el lugar del fantasma, revaloriza los espacios vacíos y le otorga fuerza dramática a una cinta que, dirigida por otro, solo se valeria del cuento narrado.

Rebeca, una mujer inolvidable cumple 80 años desde su estreno el 28 de marzo de 1940 en Estados Unidos.

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