EscribiendoCine
07/12/2019 11:52

Se acaba de estrenar Contra lo imposible, la película protagonizada por Matt Damon y Christian Bale que retrata la rivalidad vivida entre dos gigantes del mundo del automovilismo como son Ford y Ferrari. Ambos actores coinciden en no ajustarse demasiado al estereotipo de súper estrella de Hollywood que se suele tener, aunque sin duda ambos lo sean. Sin embargo, a diferencia de su coprotagonista, que fue niño prodigio del cine, Matt Damon llegó al estrellato casi por casualidad. O al menos eso es lo que parece.

Contra lo imposible

(2019)

Han pasado algo más de 20 años desde que se estrenó En busca del destino, la película que cambiaría la vida de un joven estudiante de la Universidad de Harvard en Cambridge, Massachusetts, la ciudad que le vio nacer. Lo que empezó como un trabajo para una de sus asignaturas de teatro en la universidad, terminó convertido en un guion cinematográfico coescrito con su amigo Ben Affleck. Una historia que, después de dar muchas vueltas, acabó dirigiendo Gus Van Sant y siendo uno de los grandes éxitos de 1997. Entre las nueve nominaciones a los premios Oscar que obtuvo, estaba la de Mejor Actor para Matt Damon, quien hasta entonces apenas había tenido pequeños papeles o actuado en películas de corte independiente. La película se llevó el Oscar a Mejor Actor de Reparto para Robin Williams y el de Mejor Guion Original para Matt Damon y Ben Affleck.

Acompañado de su madre, Damon recibía el Oscar a los 27 años de las manos de nada menos que los inolvidables Jack Lemmon y Walter Matthau. Curiosamente, a partir de ese momento, su trabajo como guionista quedaría en stand-by, aunque su carrera como actor se dispararía.

Al año siguiente del estreno de En busca del destino, Matt Damon estrenó dos películas que, en cierto modo, son reflejo de lo que sería su posterior trayectoria: grandes producciones de éxito en taquilla junto con trabajos algo más arriesgados y de menor presupuesto.

En 1998, Damon continuó explotando esa imagen de chico corriente con mente privilegiada que tan bien le había funcionado. Esta vez fue en Apuesta final, de John Dahl, una película menor que, sin embargo, contaba con un excelente reparto (Edward Norton, John Malkovich, John Turturro) y que con el tiempo se ha convertido en una obra de culto gracias a haber ayudado enormemente a cambiar la concepción que se tenía sobre el poker. Al mismo tiempo, se estrenaba Rescatando al soldado Ryan, una súper producción de Steven Spielberg que también contaba con un excelente reparto y que es una de las películas bélicas más celebradas de la historia, sobre todo por su impresionante escena inicial en la que se recrea el desembarco en la playa de Omaha en Normandía.

1999 fue otro año en el que Matt Damon estrenó películas muy apreciadas por la crítica y los amantes del cine, aunque no necesariamente exitosas en taquilla. Fue el año de Dogma, de Kevin Smith, con quien Damon y Affleck ya habían trabajado en el pasado. Y también de El talentoso Sr. Ripley, escrita y dirigida por Anthony Minghella a partir de la novela de Patricia Highsmith, de quien se acaban de conocer sus diarios personales. Esta película le valió a Damon su segunda nominación como Mejor Actor en los Globos de Oro.

Sería con el cambio de siglo cuando Matt Damon se lanzase definitivamente a los blockbuster. En 2001 se inicia la saga de Ocean’s Eleven con La gran estafa, con la que entraría a formar parte de la versión del siglo XXI del ‘rat pack’ de los años 60. Al año siguiente llegaría el que seguramente es el papel más recordado del actor, el del desmemoriado agente Jason Bourne. Desde 2002, la saga Bourne ha recaudado más de 1,665 millones de dólares en todo el mundo.

Pese a ser uno de los actores más rentables y mejor pagados de Hollywood, Matt Damon ha insistido en mantener un perfil bajo, el de hombre sencillo que perfectamente podría ser nuestro vecino. Con una vida privada discreta y la sonrisa perpetua de quien convierte en oro todo lo que toca, Damon lleva más dos décadas sin prácticamente bajar el nivel. Evidentemente, ha habido fracasos a lo largo de su carrera cinematográfica. Pero lo cierto es que estamos ante un actor que ha trabajado con muchos de los mejores directores de la industria (con Martin Scorsese en Los Infiltrados, Clint Eastwood en Invictus o Ridley Scott en Misión rescate) y que, pese a no tener el glamour o el sex appeal de otros actores de su generación, es todo un icono de nuestro tiempo.

Matt Damon ha sabido jugar a dos bandas. Por un lado, es uno de los niños mimados de Hollywood; por otro, seguramente esa condición de éxito asegurado le ha permitido apostar sin pudor por trabajos más arriesgados y socialmente comprometidos como Syriana, una película producida y protagonizada por George Clooney, o el documental Trabajo Confidencial.

Esta súper estrella de Hollywood sigue pasando por un hombre normal, corriente, ese que te suena su cara y no sabes muy bien de qué. De hecho, no paran de confundirle con el actor Mark Wahlberg. Matt Damon es ese actor del que todo se pregunta: ¿cómo alguien como él pudo llegar hasta ahí? Una pregunta que hace que ese jovencito que no podía creerse que había ganado un Oscar con un trabajo para clase genere tantas simpatías como antipatías.

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