Benjamín Harguindey
19/10/2019 20:20

Mucho se ha escrito sobre el comentario sociopolítico que ofrece Guasón (Joker, 2019). Es uno de los temas focales de la película y si bien explica mejor que cualquier otra versión la devoción que el personaje podría inspirar en el elemento más descontento de la sociedad, no es realmente el corazón de la historia. Ni siquiera es su objetivo. No porque el comentario sea más simplista o exagerado que otras películas similares, o porque el propio Guasón se autoproclame apolítico. La sociedad le falla a Arthur Fleck, pero lo que cataliza la deconstrucción de su identidad es la doble traición de su familia: la que tiene en su cabeza y la que no tiene en la vida real.

Guasón

(2019)

Arthur (Joaquin Phoenix) vive cuidando a su anciana madre, Penny (Frances Conroy), cuya doctrina de felicidad forzosa (lo apoda “Feliz” y le inculca reprimir la tristeza que lleva dentro) lo ha llevado a adoptar literalmente la identidad de un payaso. A alta de una figura paterna Arthur extrapola una de la televisión, el comediante Murray Franklin (Robert De Niro), quien también dice (en las fantasías de Arthur al menos) ser hijo de un padre ausente y en las mismas fantasías abraza y reconoce a Arthur como a un hijo.

En una segunda fantasía recurrente, Arthur mantiene una relación con su vecina, Sophie (Zazie Beetz). No es coincidencia que sea el objeto de su deseo porque, como Penny, ella también es madre soltera. Arthur no sólo la desea en un nivel Freudiano, reemplazando una madre con otra, sino que además quiere instintivamente ocupar el rol de padre para expiar la ausencia del suyo.

El personaje está definido por una gran ausencia: a falta de sentir un propósito en el mundo cumple el que le impone su madre, a falta de tener relaciones significativas que sacien sus necesidades emocionales básicas como ser humano disfruta las imaginarias. Vestido de payaso y sosteniendo un cartel que lee “¡Todo debe irse!”, Arthur promociona la liquidación de una tienda que ha alquilado sus servicios, pero también refiere al esquema de relaciones falsas que apenas lo contienen en una sociedad que no tiene lugar para él. Si quiere hacer catarsis, todo debe irse.

Efectivamente, hacia el final de la película Arthur ha perdido la fe en todas las figuras maternas y paternas que colecciona obsesivamente. No sólo eso sino que las ha matado a todas.

Primero descubre que su madre ha estado escribiendo cartas por años a su “verdadero” padre, ni más ni menos que el oligarca Thomas Wayne (Brett Cullen), implorando su ayuda. Cuando logra acercarse a Wayne, éste le rechaza: no sólo dice que no es su padre sino que además su madre lo adoptó. Cuando Arthur confirma esto - leyendo un viejo informe psiquiátrico - además descubre que su madre lo sometió a una serie de abusos físicos y emocionales que Arthur, traumado, había olvidado hasta entonces.

Traicionado por las figuras paterna y materna de la realidad, Arthur busca consuelo en las imaginarias. Es entonces cuando el escapismo se vuelve imposible: descubre que su relación con Sophie ha sido pura fantasía, y el benévolo Murray Franklin le traiciona humillándolo en televisión, burlándose de su rutina cómica. Las fantasías de Arthur se vuelven contra él porque ha osado reemplazarlas en la vida real, buscando reunirse con su padre como quien desoye instrucciones divinas en una tragedia griega.

La transformación definitiva de Arthur en Guasón comienza hacia el final, a lo largo de una serie de asesinatos cuya ritualidad y función purgatoria operan similarmente al icónico montaje en paralelo en el cual Michael Corleone simultáneamente purga tanto sus pecados como sus enemigos, sellando su destino de capo criminal. En el caso de Arthur, debe matar a todas las figuras maternas y paternas que le han fallado porque ninguna le ha dado el afecto que podría haber justificado el calvario de su existencia.

Mata a su madre adoptiva en el hospital, y posiblemente mata también a la otra, Sophie, luego de transgredir su propiedad. Su asesinato no se muestra pero tampoco se muestra el último de la película, el cual se revela con un plano similar al que marca el final de Sophie: Arthur entra en cuadro desde la derecha, saliendo a un pasillo, y luego se aleja lentamente de la cámara hacia el fondo. La única diferencia es que el plano final es lo suficientemente abierto para mostrar las huellas sangrientas que dejan sus pisadas.

Mata a su madre dos veces, y a su padre dos veces también. Mata al imaginario en televisión nacional, y luego se entera del asesinato del otro padre que lo rechazó, Thomas Wayne, producto de los disturbios que el propio Arthur incitó. Ése es el chiste privado que los demás “no entenderían”: mató a todos sus padres, varias veces, y sólo él lo sabe.

No es que la sociedad no le falle a Arthur - en forma de recortes presupuestarios, un escrache público y dos incidentes de violencia - pero las injusticias que vive de día a día no moldean su patología como las traiciones que sufre su propia identidad, que en definitiva son las que lo transforman. A diferencia de su futuro némesis, no tiene padre o madre que honrar, ninguna memoria que defender, ningún ideal que servir. Hay una crítica social hecha a grandes rasgos, pero el Guasón no nace porque la sociedad lo rechaza, sino porque su familia lo traiciona: tanto la que tiene como la que le hubiera gustado tener.

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